TERESA VALERA FLORES (LA CHATITA)

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


Por su amabilidad y cortesía Doña Casilda Flores era reconocida por los habitantes de la Verde Antequera como la “Samaritana de  Oaxaca”,  mujer prolija en sus atenciones, halagos y ayudas,  características que fueron heredadas por sus hijos Eduardo y María Teresa Valera Flores, ampliamente conocidos como “Lalo “ y “La Chatita”. Lalo, de aspecto imponente y hosco, escondía bajo su apariencia la cortesía producto de una esmerada educación católica y familiar; era amable con propios y extraños, se ganaba a cuantos departían con él.  Por su parte  “La Chatita” era delgada, su aspecto  delicado y femenino era reflejo de  la alegría seráfica de los hijos de la Tercera Orden Franciscana.

Mis primeros  recuerdos de esta familia se remontan  allá por 1970, cuando todo el vecindario del Barrio del Carmen Alto, bajábamos con nuestro ancestral anuncio de las fiestas carmelitanas,  el tradicional Convite, encabezado por Don Poncho “Calendas”  (Alfonso Vásquez Molano), Don Demetrio, Cantatistre y “El Chendengue”; el recorrido transcurría  entre notas musicales, risas, gritos y tronar de cohotenes con que año con año,  nuestro barrio hacia su entrada triunfal al Mercado “Juárez Maza” donde Doña Casilda, Lalo y la Chatita, esperaban nuestro arribo. Luego de ofrecer la “diana” y el “Jarabe del Valle”, nuestros anfitriones nos convidaban generosos vasos de horchata con tuna, tamales y mezcal.

¡Cuántos destrozos causaban nuestros gigantes también llamados “monos de calenda”,  la estrella y los carrizos enflorados al pasar por entre los puestos aunque nadie reclamaba, pues éramos invitados de Doña Casilda.

 A la muerte de Doña Casilda, fue la Chatita quien se quedó a cargo del puesto de aguas frescas, y también de cumplir con los compromisos tradicionales; en primer  lugar estaba  proveer de lo que fuera necesario al Templo de San Francisco de Asís, pagar el convite, la calenda, el adorno del templo, la cohetería, apoyar en la comida comunitaria con sus tradicionales y exquisitas aguas frescas, los fuegos artificiales; incluyendo por supuesto, ser madrina del Niño Dios, el 24 de diciembre, y  claro está, recibir el convite del Carmen Alto.

“Chatiita, ¿le traigo el oficio para el cumplimiento?”, le preguntaba cada año.   

“No joven, entre nosotros solo cuenta la palabra, con que me avise es más que suficiente.” Respondía dulcemente la Chatita quien continuaba: “Pero, siéntese, ¿Qué le ofrezco?¿Almendra con tuna?”

 Mientras  me preparaba el agua, me ofrecía un plato de melón picado con nueces: -“Una frutita, mientras le servimos su almendara. ¿Otro vasito, joven?...”

Obligadamente, a la despedida había que preguntar: “ ¿Cáunto le debo, Chatita?”  “¡ Como cree, ni que se hubiera tomado toda la olla ( unos 60 litros). – Ya sabe, cuando guste, aquí estamos para servirle”.

 ¡Cuánta dulzura había en su rostro¡ ¡Cómo se iluminaba su mirada, al saludar a  un conocido¡¡Que enorme sencillez y amabilidad cabían tras  su impecable delantal¡ Siempre alegre y jovial, como si para ella no existieran los problemas, el cansancio, la enfermedad, el hastío. Su eterna sonrisa, hacia que nos sintiéramos como en casa, como parte de su familia. En mi memoria, aún escucho su voz al ver llegar el convite:

“Joven, pensaba que ya no iban a llegar, pero pase y acomode a la gente que viene con el convite”  - ¿Cuál  pieza?, yo le preguntaba; - “Pues el  jarabe, cual otra habría de ser”. Y sosteniendo en una mano el vaso de cristal y en la otra la jícara de almendra, se ponía a bailar entre el puesto al dedicarle su jarabe, porque ella era auténtica “China Oaxaqueña”, y entre vaso y vaso, bailando, me decía: - “¡Así es como se debe bailar el jarabe¡.

Al despedirnos, los agradecidos, recibíamos agradecimientos de nuestra samaritana: - “Ustedes deben dispensar  lo mal atendido, pero ya saben , se los ofrecemos de corazón. Dios mediante, nos esperamos dentro de un año ¡ Y no me vayan a olvidar”.

“Joven, pero si usted no comió ningún tamal. A ver, denle suficientes tamales, ¿ así está bien o le pongo más?

Su vivencia cristiana le impedía hablar de sus donaciones y ayudas y cuando alguien  poco delicado le preguntó cuánto le había costado el adorno del templo, ella respondió: -“¡ Pues lo que costó¡ ¡ Ay , joven, que le importa a la gente, cuánto cuesta¡ ¡ Qué a poco, ellos lo van a pagar¡ ¡Pues sí lo quieren dar, qué lo den y ya¡”

Chatita ¿ cuándo comenzó a bailar?, le pregunté en una ocasión: -“Desde chamaca,¡Imagínese fuí la primer china que bailó en la Rotanda de la Azucena”.

Visitar a la Chatita en el puesto o pasar a verla en su casa de la calle de Zaragoza aseguraba un rato de amena  platica, de recuerdos, anécdotas, vivencias... Ya fuera mostrando  los reconocimientos obtenidos o las fotos de los visitantes distinguidos, presidentes de la república, mandatarios extranjeros, artistas nacionales e internacionales, nada de este fama le hizo perder su sencillez, pues lo mismo atendía a la Reina Isabel de Inglaterra, que al paisano de huarache y calzón de manta, o al necesitado que sabía que en  ella encontraba la ayuda requerida, la palabra de aliento o de consuelo, su enorme corazón siempre dispuesto a servir...

¡ Que Dios la bendiga Chatita¡ Y la tenga en  el paraíso, que bien ganado lo tiene.