El Señor de los Milagros en Sola de Vega

 

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


Uno de los lugares, quizás muy mencionados, pero poco conocidos, es la Villa de San Miguel Sola de Vega, población localizada entre los límites de los Valles Centrales y la Sierra Sur en el estado de Oaxaca. La gente sabe del  río de Sola, paso obligado de peregrinos o viajeros, del pan de Sola o del afamado mezcal Tobalá, pero Sola es mucho mas … es una población milenaria, con tres mil años de asentamientos humanos continuos, poblada por  los primeros zapotecos, quienes hablaban el zapoteco más antiguo, llamado Solteco. Sola, población devastada por temblores y terremotos, aún conserva vestigios de su pasado glorioso en viejas casonas solariegas. Tierra de conflicto, es el núcleo de población más dividido del Estado de Oaxaca, conformado por tres cabeceras municipales: San Miguel Villa de Sola, San Francisco y San Idelfonso.
     La fertilidad de la vega del río, su suave clima y abundantes lluvias, hacen del Valle de Sola, un mosaico de asentamientos prehispánicos que suman  alrededor de 240 ubicados  en una longitud no mayor de 10 km. Sus vestigios arqueológicos se encuentran en los alrededores del templo parroquial, El Cerro del Mosco, la Zuela, la Cruz del Carmen, Los Mogotes o Los Números. Las paredes de sus templos muestran adosadas estelas fragmentadas y dinteles.  Se trata de un Señorío de importancia que registra su primer cabildo hacia 1525, momento del paso de Pedro de  Alvarado hacia Tututepec; por ella fluyeron las rutas comerciales que enlazaban los Valles Centrales con la Costa Chica, llegando sus arrieros a comerciar con Ometepec, en el Estado de Guerrero. La vallistocracia solteca, mantuvo el monopolio del comercio de la sal, el algodón, cueros y  cerdos, que dio a reconocidas familias del lugar prestigio y riqueza.
     En su desarrollo histórico sobresale el proceso realizado por el mantenimiento de su culto zapoteco, llamado por los españoles “idolatría”, que llevó a cabo quien fuera párroco del lugar, el  fraile mercedario Gonzalo de Balzalobre, al  realizar un proceso en contra de los “colanis” ( sacerdotes adivinos), cuyo resultado lo llevó a escribir un memorial llamado “Vanas Supersticiones” Idolatrías de los Indios de Oaxaca, que se imprimió para alertar a los obispos de Nueva España y Perú, acerca de la engañosa devoción de los nuevos conversos. En este libro se consigna la especial devoción de los soltecos por el Santo Cristo, devoción que persiste hasta nuestro días  en la imagen más venerado del pueblo solteco. “El Señor de los Milagros”.
     La imagen es un Cristo de talla completa, de tamaño natural, tal vez del siglo XVI, que recibió ésta denominación por la cantidad de milagros realizados durante más de cuatrocientos años. En su culto se sincretizan  las creencias zapotecas con el  acervo del catolicismo; posee capilla propia de amplias dimensiones, en cuya parte sur y por fuera se yergue majestuoso el “Jazmín del Señor”, que en el Istmo de Tehuantepec llaman “guiexhoba” (flor que se desgrana). Este árbol se asocia al culto zapoteco, pues se encuentra en todos los atrios de los templos católicos y en Sola sólo existen dos, “El Jazmín Viejo” de San Juan Sola y el del Señor de los Milagros. Existe un hecho interesante, el árbol de Sola, es el de mayor diámetro que he conocido en el estado.
     La festividad del Señor, coincide con la Fiesta de la Ascensión de Cristo, cuarenta días después de la Pascua de Resurrección, aunque en la actualidad se realiza el domingo siguiente. Doce días antes de la fiesta, a las cuatro de la mañana, se realiza la primera Alba, con repiques de campanas, cohetería y acompañamiento musical;  los templos de San Idelfonso y San Francisco se unen con sus repiques anunciando la festividad. Hacia las diez de la mañana las bandas de música comienzan a interpretar la música regional en el municipio; sones, chilenas y cohetería animan a los pobladores a participar llevando carrizos adornados con flores naturales, milpas enfloradas y mascadas de seda en carrizos, así se realiza el primer convite que  sube por la calle principal, se dirige al templo y pasa por el curato para finalmente  bajar hacia el lugar conocido como el Cascajo y recorrer la ribera del río, entrar al centro y retornar al Municipio, donde al finalizar el recorrido,  se les ofrece como refresco, agua de horchata, de piña o tepache.
      Los amaneceres de los siguientes nueve días serán engalanados por la música de viento y cohetería  que en el Puente Viejo esperarán a las agencias, rancherías, cofradías, hermandades y asociaciones civiles y religiosas congregadas para “los cultos”, quienes portando su estandarte, ramos de flores o banderitas de papel picado, se dirigen desde el puente al templo, pasando por el municipio.
   La antevíspera de la  fiesta será iniciada por una nueva Alba, anunciado la calenda y  hacia el medio día se reúnen en el autoridades de los pueblos vecinos quienes además de su cabildo, llevarán su carro alegórico elaborado con follajes naturales y que será  acompañado de las “mariposas” que así se llama a las niñas  que portan el vestido de primera comunión y las mujeres del Comité y la Hermandad quienes en pedazos de tunillo o en toronjas, portan las tradicionales “banderitas de verso” -recortes de listón ancho, con un verso solteco escrito o impreso que van adornadas con una florecita de terciopelo.
Al medio día se inicia el segundo convite que lleva  el mismo recorrido y termina  con una comida que la Hermandad ofrece  a los invitados especiales. Desde el amanecer  las secciones de la población y las agencias y rancherías de Sola, se congregan en el atrio  para montar  “El Tablado”, que es  la enramada que se erigirá por la orilla del atrio para evitar que la imagen se asolee;  en otros tiempos  las mejores yuntas de todo el vecindario acarreaban morillos, carrizos, ramas de saúz y de chamizo que se usarían  para levantar el tablado, reminiscencia de las procesiones del Corpus Andaluzas en las que se cubría el recorrido de la procesión con lonas y manteados. Actualmente las yuntas han sido sustituidas por las camionetas del año, pues esta fiesta ha sido, es y será la mejor ocasión de mostrar las mejores posesiones de los soltecos. Durante todo el día, el Comité, la Hermandad o los Mayordomos ofrecen refresco, cerveza o mezcal, así como la comida a  quienes ayudan a la hechura del tablado. Al mismo tiempo, se elaboran los festones de resina de ocote que adornarán el templo.
Al anochecer con música y cohetes se  invita a la población a congregarse en la explanada municipal e iniciar  la calenda;  la gente inicia el baile, y sones, chilenas y zambas  se ejecutan sin cesar; hacia las once el tronido de la rueda catarina y del cohetón indican el inicio de la calenda, mas de cinco mil gentes suben por la calle principal y al llegar a la capilla del Señor  se inicia el baile con la ejecución del “toro pinto”, juego en que el hombre busca dos o tres mujeres para bailar; de ahí continúan hacia el curato donde en honor al señor cura se baila el Jarabe y se queman dos o tres toritos. Durante el trayecto,  diligentes, los organizadores reparten a discreción “el mezcalito para el frío o el cigarrito para el aire” y en los lugares  preestablecidos se realizan paradas para que la gente baile. Al llegar al río en el lugar denominado “El Cascajo”, se hace la parada más prolongada y el tránsito vehicular de la carretera queda suspendido  en ambos sentidos y no faltan  los viajeros que se bajan de sus autos por su mezcalito o para bailar su chilena.
El Alba de la Víspera ya inicia y la calenda apenas viene por la casa de tía Candy , son las cuatro de la mañana y aún falta mucho por recorrer:  la esquina de Teresa Núñez, la de tía Tera (Teresa) Quiroz, la de la casa de Chana Calvo y por fin el municipio; ya  hace tiempo aclaró  y  la gente sigue bailando en el corredor del municipio mientras esperan que se reparta la colación que es un envoltorio de dulces y galletas con una banderita de verso que los hombres lucirán horondos en el ala del sobrero, como signo de haber terminado la calenda. Entre siete y ocho de la mañana termina la calenda,  todos regresan comentando los pormenores habidos, que si llovió, que si el mezcal estuvo bueno, que si hubo trancazos, quién encontró pareja o lo encontraron de tórtolo, en fin la calenda da mucho de qué hablar.
     A las ocho se sirve el almuerzo en la casa de los padrinos o mayordomo, también con música y cohetes, para  luego dirigirse al Templo y llevar el adorno: el cendal del Señor, las velas, las flores, los festones de resina; el  templo se engalana, se terminan los detalles del tablado, se levanta el arco de cucharillo en la puerta principal, elaborados por los fieles del Rancho de Lazo, se invita a quienes participan a la comida en la casa del gasto. Por la tarde se realizan las Vísperas y maitines.
El domingo amanece con el Alba de la Fiesta, las mañanitas y la misa de la mañana. A los invitados se ofrecen un almuerzo en la casa del padrino, pan de yema y marquesote, chocolate de agua y enchiladas de fandango (empanadas de harina, rellenas de picadillo de pollo, fritas y remojadas en coloradito) que se adornan con queso de prensa y perejil.
Hacia las nueve los rancheros comienzan a subir al templo; con dos o tres horas de anticipación apartan su lugar para la misa de Función y a las once el culto parte del río para arribar a las doce a misa. No hay un solo lugar vacío, el templo luce a reventar. La misa de función culmina e inicia la procesión, de la puerta del templo a la del atrio la imagen es llevada bajo palio y detrás de ella los penitentes  inician el pago de su “manda” y de rodillas avanzan detrás de la imagen durante un tramo aproximado de medio kilómetro; ahí van las  madres que pidieron salud, seguridad, trabajo, feliz retorno; los  padres agradecidos por haber salvado la vida o la salud de sus familiares, jóvenes que pidieron por sus padres … la procesión es acompañada por la banda musical, la quema de cohetería y la regada de pétalos de flores y las hojas del oloroso arrayán, de aroma alimonado, lentamente, con solemnidad se recorre el atrio, se entra al templo y los penitentes son los primeros en pasar a besar las santa imagen; todo mundo espera su turno  de manera paciente y respetuosa y poco a poco descienden a sus casas llevando la preciada reliquia: una flor o un algodón tocado en el cuerpo del Señor. A las cinco termina todo, se cierra el templo, miembros de la Hermandad, sacerdote e invitados se dirigen al gasto a degustar el mezcal de Tobalá, la cerveza, barbacoa, el pastel de carne o el suculento mole solteco; después una bailadita, pues la fiesta ha terminado.

 A los ocho días se repiten los festejos, realizando “La Octava”, concluida ésta se coloca nuevamente la imagen en su camarín;  mientras viento, truenos y lluvia, confirman que el rito fue propiciatorio y el Señor de los Milagros a sus devotos ha cumplido y en Tláloc proveedor se convierte  asegurando lluvias, cosechas y alimento.