La festividad del Señor de Esquipulas

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


El territorio donde se localiza actualmente la ciudad  de Santiago Esquipulas, fue habitado desde tiempos prehispánicos por los indígenas mayas Chortís, del reino Payaqui del actual país  centroamericano de Honduras y aunque mantenía afinidad con los mayas del área mesoamericana, la capital del reino se localizaba en la ciudad-estado de Copantl, gobernada por un cacique del mismo nombre localizado al sur de Guatemala, en el distrito de Chiquimula y en la  frontera con Honduras y el Salvador.

Desde sus orígenes fue un centro de adoración del dios guerrero Ek Chuaj, por lo que en el mundo mesoamericano era considerado también como lugar de culto y peregrinación. Ek Chuah, es la sexta deidad más representada en los códices, de sus características físicas destaca  su labio inferior grueso y colgante, aparece generalmente pintado de negro, el color de la guerra; el jeroglífico que plasma su nombre es un ojo con un aro negro y se le reconoce por su  carácter doble y un tanto contradictorio;   como dios de la guerra era malévolo, pero como dios de los mercaderes ambulantes era propiciatorio; así en su primera faceta, con una lanza en la mano, a veces combatiendo y aún vencido por otro dios de la guerra, se le ve con Ixchel, armado de jabalinas y de lanzas, tomando parte en la destrucción del mundo por el agua; ahora bien,  como dios favorable aparece con un fardo de mercancías sobre la espalda, semejante a un mercader ambulante, y en algún lugar se le muestra con la cabeza de Xamán Ek, dios de la estrella polar, "guía de las mercaderes". Ek Chuah, era también el patrono del cacao, y los que poseían plantaciones de este fruto celebraban una ceremonia en su honor en el mes de Muán. En uno de sus aspectos parece haber sido hostil al hombre, y en el otro su amigo, se trata de  una deidad de dos caras, muy similar  al dios Jano de la antigua Roma.

El nombre original de la población era el de Yzquipulas, y según el Libro del Cabildo, fue conquistado por primera vez en el año de 1525 por los capitanes españoles Juan Pérez Dardón, Sancho de Barahona y Bartolomé Becerra, quienes fueron enviados por Pedro de Alvarado. Pero habiéndose levantado los indígenas en contra de la autoridad del Rey en abril de 1530, debido a la ausencia del Capitán General de Santiago de los Caballeros de Guatemala, el gobernador interino envío a los capitanes Pedro de Amalín y Hernando de Chávez a reconquistar Ysquipulas, ante quienes el cacique se rindió después de tres días de sangrientos combates, indicando que lo hacía: “Más por la paz y tranquilidad pública, que por temor a las armas castellanas (Monografía de Esquipulas, Vitalino Fernández Marroquín).

A diferencia de muchas imágenes que tuvieron prestigio de milagrosas, por haberse aparecido en algún lugar despoblado o de manera fortuita (olvidado, no entregada, inamovible), existe el documento dónde los habitantes de Esquipulas, en el año de 1594, deciden encargar la hechura de la imagen. De esta cuenta, Don Cristóbal de Morales, contrató al escultor portugués Quirio Cataño,  quien en ese tiempo vivía en la ciudad de Santiago. El artista, entregó el trabajo encomendado el 4 de octubre del mismo año; el contrato original por medio del cual se encargó la obra se conservó durante mucho tiempo en la Parroquia de Quezaltepeque, hasta que el Fray Andrés de las Navas, Obispo de Guatemala, ordenó que se hiciera una copia del mismo debido a su deterioro. A continuación se incluye una transcripción del texto consignado en dicho contrato:

En la Ciudad de Santiago de Guatemala, a los veintinueve días del mes de agosto del año mil quinientos noventa y cuatro, Cristóbal de Morales, Provisor de este Obispado, concertó con Quirio Cataño, oficial de escultor, que haga para el Pueblo de Esquipulas un Crucifijo de vara y media, muy bien acabado y perfeccionado, que lo debe dar acabado el día de San Francisco, primero que viene, y se han de dar por él cien tostones de cuatro reales de plata cada uno; y para en cuenta de los dichos cien tostones confesó haber recibido adelantados cincuenta tostones de los cuales recibió realmente y él se obligó a cumplirlo, y para ello obligó su persona y bienes y lo firmó de su nombre y el dicho Provisor.

Según la tradición oral, los habitantes de Esquipulas viajaron a la ciudad de Santiago de Guatemala para recoger la imagen en la fecha estimada y durante el viaje de regreso aquellos que la veían por el camino se quedaban admirados por su belleza y solicitaban que permaneciera con ellos al menos una noche, y de esta manera se originó la tradición del peregrinaje para venerar dicha imagen. El largo camino concluyó el  9 de marzo de 1595,  seis  meses en los que se estima pudo haber visitado 184 poblaciones.

De su color negro, la tradición consigna que la imagen originalmente  era de color natural, encarnado en blanco y fue  el humo de miles de velas y sahumerios que durante muchos años hicieron su trabajo hasta convertirlo en el Cristo Negro de Esquipulas. En el altar mayor de la basílica se aprecia un grupo escultórico que representa el Calvario, completado por tres hermosas  e impresionantes esculturas de madera estofada -madera preciosa, cubierta de hoja de oro, plata o cobre, sobre la cual se aplican pigmentos, que después serán raspados y grabados, para dar apariencia de tejido-; en la obra se observa a la Virgen de los Dolores con los brazos cruzados sobre el pecho  en una postura que más bien evoca el pasaje de Anunciación, las manos estrujadas , propias de las imágenes de la Virgen de los Dolores,  San Juan Evangelista y María Magdalena, hincada  abrazando la Cruz. El grupo escultórico, es una muestra excepcional de la escultura virreinal, que tanta fama le ha dado a Guatemala.

La devoción al  Señor de Esquipulas ha trascendido los límites de Centroamérica, extendiéndose a lugares tan remotos como Perú y México. Para los mixes de Totontepec, era considerada dentro de las cinco peregrinaciones mayores:  La Soledad, en Oaxaca; el Señor de las Peñas en Etla; la Inmaculada en Juquila; el Santuario de Guadalupe y Esquipulas en Guatemala.

Se desconocen los días que duraba el peregrinar pero mínimo eran dos meses en ir y venir; de Totontepec bajaban a la Villa de Tehuantepec, luego Chiapa de Corzo y  Guatemala  para atravesar todo el país hacía el sur y llegar a Esquipulas. En la población se tenía en la mayoría de los hogares la imagen del Cristo, refiriendo la Señora Camerina Alcántara Villegas, que en la casa de varias familias se encontraba en el altar dicha imagen, destacando las de José Alcántara Soto, Aurelia (Lela) López y Severiano Ortega, Francisco Reyes, Asunción Cabrera, Salomé Gómez, José Pomposo (Che Poso) Villegas y, quizás la más notable, la del Señor Juan Ceno (Nepomuceno) Fernández, que se conserva en la actualidad en propiedad de su nieto, el Señor Luís Fernández;  el traslado de este retablo debió ser en extremo cansado y muy cuidadoso, pues es un nicho de hojalata y vidrio con las imágenes de Cristo, La Dolorosa, San Juan y María Magdalena, el cual, por su tamaño y fragilidad, debió  ser transportado en hombros.

Existían diversas formas de realizar la peregrinación a Esquipulas, la primera implicaba  preparar el viaje con años de anticipación para tener el dinero suficiente para el traslado; la segunda, trabajar durante el trayecto, y así poco a poco ir avanzando y la más difícil,   pedir limosna a familiares y conocidos, en las plazas o a la salida del templo,  práctica que aún se observa en el Istmo de Tehuantepec.

Hacia 1850, llega a una ranchería llamada Santa Catarina, localizada en el actual distrito de Sola de la Vega, un arriero que  se había extraviado y viajaba con la  encomienda de entregar una imagen del Señor de Esquipulas; para pasar la noche  pide posada en la casa del papá del señor Rubén Calvo,  el arriero  enferma de gravedad y antes de fallecer encomienda al casero la imagen que no pudo entregar, pidiendo encarecidamente, que cada año se le hiciera su fiesta. Tiempo después la familia se trasladó a la Villa de San Miguel Sola, dónde anualmente,  en el Barrio Arriba, la familia cumplía con este compromiso. Al rosario de Esquipulas peregrinaban los rancheros de El Anís, las Canoas, San Francisco, San Idelfonso y Santa María Sola; por las noches el rezo del rosario, se entonan las alabanzas, la cena y el baile con violín, cántaro o cajón, guitarra o si es posible,  la tradicional banda. Al otro día la velación del Señor y la barbacoa para comer. Refería el  tío Rubén que hubo un año en que no pudo o no quiso realizar la fiesta, y entonces él  enfermó de gravedad, viéndose obligado a realizarla en una fecha posterior, recuperando la salud y jurando, que nunca dejaría de celebrar al Santo Cristo.

En el pueblo de Xochimilco, aledaño a la ciudad de Oaxaca, en el llamado callejón del  Ángel de Piedra, se encontraba una imagen llamada “El Señorito” y que era  un Cristo de Esquipulas, como de 30 centímetros de alto. En los pueblos circunvecinos a la ciudad, Ixcotel, Santa Lucía del Camino, San Felipe del Agua, El Tule, se le tenía una gran devoción, sobre todo en el  Valle de Lachigoló. Cuando alguien extraviaba algún animal  o cuando  perdía algún bien, acudía a la presencia de la señorita que cuidaba la imagen, ella le indicaba la compra de determinado número de velitas de sebo, las encendía y observando hacia donde se dirigía el humo, le indicaba al dueño por dónde buscar  y la mayoría de las veces se recuperaba lo perdido, de ahí la gran devoción del pueblo.

Cada 15 de enero, los devotos se reunían desde la víspera, había banda, desayuno, comida, baile y mucho licor. Antes de morir la encargada de la imagen se la entregó a Doña Elo (Elodia) quien, con un año de anticipación preparó el festejo, engordó un marrano, compró suficiente mezcal y cerveza, mandó a hacer varios bultos de pan, aunque como católica practicante observó con desagrado los excesos de los devotos, sobre todo en el beber y entonces decidió no volver hacer la fiesta. Poco a poco, fue limitando el acceso a los creyentes, hasta que su culto y devoción se perdió. Durante mucho tiempo, tuvo la imagen reservada y  a su muerte, algún practicante se la compró a su esposo Don José, actualmente la imagen se encuentra por el rumbo de Esquipulas Xoxo sin que su culto haya recuperado el pasado esplendor.

En el Templo del Carmen Alto, entrando a mano derecha, se encontraba una imagen de Esquipulas, en un altar adosado en el sotocoro. Durante mucho tiempo, su fiesta se celebró con una misa sencilla, aunque es de mencionar que durante el periodo del sacerdote Pedro López, doña Ofelia Colmenares, organizó la fiesta que se realizó con cierto esplendor;  sin embargo, fue durante el gobierno de Heladio Ramírez López, cuando  su secretaria, la señorita Coquito, reorganizó el culto, que iniciaba con el primer novenario y la imagen  se colocaba a un lado del altar mayor; tiempo después, la señora Marina, del barrio de los Siete Príncipes, junto con su familia organizaron los festejos en grande; en la actualidad, el itinerario de esta popular celebración incluye el  novenario, festejo el día quince, y el domingo siguiente, se entonan las mañanitas, se brinda desayuno, comida, misa vespertina, procesión por el barrio. La fiesta de Esquipulas en el Carmen Alto,  atrae a vecinos de toda  la ciudad y fue el padre Nacho quien decidió que había de  hacerse una cruz más digna, don Gonzalo Cervantes, fue el encomendado para tallar  la pieza en la que hace una copia de los adornos de la cruz del Señor de Santa María del Marquesado, elaborada en cedro y finalmente  dorada; posteriormente, se trasladar la imagen al altar del Santo Cristo de la Agonía de Limpias y se reconstruye el altar de cantera, dando al templo, la uniformidad en los altares, entonces  la Señora Gay, organiza los festejos, se agregan las rendidas de culto, una calenda, la procesión con los estandartes, y se elabora el estandarte del Señor de Esquipulas.  Este año los festejos se realizaron con novenario en los sectores y una misa normal.

La devoción al Santo Cristo de Esquipulas es muy antigua y pese a la enorme distancia en el tiempo y el espacio, se ha mantenido dentro de la feligresía católica de Oaxaca a diferencia de  algunas fiestas que han decaído, la de Esquipulas goza de esplendor, sobre todo en el municipio de  Esquipulas Xoxo, pues mientras los católicos siguen teniendo fe, esta devoción, se mantendrá como parte importante del  devocionario católico, pues se encuentra firmemente arraigada, desde hace cientos de años.

Este texto tiene su sustento en la tradición oral, por lo que reconozco y agradezco a las personas que con su testimonio, enriquecieron la información: 
Sr. Rubén Calvo y Aristea Quiroz +
Sra.  Petra Galdina Calvo Quiroz+
Sra. Olimpia López Calvo
Sra. Camerina Alcántara Villegas
Sr. Luis Fernández

Sr. Floriberto Reyes Cruz