PROCESIONES DEL CORPUS EN ANTEQUERA

 

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


La solemnidad de Corpus Christi reviste  especial importancia en todos los territorios donde se extendió el cristianismo; se trata de una celebración dedicada especialmente a Jesucristo Eucaristía, inspirada en las visiones de una monja agustina, originaria de Bélgica; su nombre era Juliana de Mont Cormillon, y ella habló sobre la visión que en sueños le señalaba la ausencia de una fiesta a la Eucaristía,  con tal insistencia y fe habló la monja, que contagió de su devoción a diversos sacerdotes, entre ellos su obispo, quien decidió celebrar la festividad en su diócesis.
En el año de 1296 ocurre en Bolsena, Italia, un milagro eucarístico, por lo que el  Papa Urbano IV, mediante la expedición de la bula “Transiturus”, en 1264, estableció de manera definitiva esta celebración, siendo Santo Tomás de Aquino quien redactó el Oficio de la Solemnidad, el cual se conserva hasta nuestros días. Aunque se establece la celebración, en ningún decreto o bula se especifica que debe realizarse una  procesión, la cual fue adoptada como posteriormente en los  diferentes países de Europa.
En España la fiesta de Corpus  es una de las más importantes para el  calendario litúrgico, celebrándose por igual en pequeñas poblaciones o en las grandes capitales, tal es el caso de las procesiones de Santa Cruz de Tenerife, Barcelona, Burgos, Pontevedra, Zaragoza, Granada, Guipuzkoa, Guadalajara, aunque la más importante es la de Toledo; en todas ellas se destaca  el adorno con arcos,  tapices, alfombras de pétalos o aserrín teñido, los pasillos, la utilización de mantones colgados en los  balcones, y el tendido de toldos  por las calles donde se realizará la procesión. Es de mencionarse también la creatividad los altares donde se posará el Santísimo y los escaparates de las grandes tiendas, con motivos eucarísticos. En la víspera, en Toledo se realiza un pasacalle (desfile) como preámbulo de la gran procesión, el cual incluye a los gigantes (armazones de personajes célebres, ricamente ataviados), los cabezudos  y, la tradicional tarasca.

En cuanto a la  tarasca, sabemos que su origen se  pierde en la oscuridad de los tiempos; aunque su nombre nos refiere a la ciudad de Tarascón, Provenza donde se cuenta que  habitaba un animal espantoso que causaba mucho daño y, que el rey no había podido vencer; Marta de Betania, (hermana de María y Lázaro), mediante la oración logró amansar al dragón, al cual llevó a Tarascón montada sobre de él, encontrando el final de su existencia a manos de los habitantes de este lugar que dieron muerte al temido ser. El gentilicio de Tarascón, es tarasque, castellanizado como tarasco y en la actualidad este  animal, precede las procesiones de Corpus, pues representa al maligno que huye de Jesús Eucaristía, destacando especialmente los que aparecen en los  Corpus de Granada, Valencia, Terrejoncillo del Rey, Tudela, Zamora y, en el reino de Cataluña (donde es llamado “drach”.
     Los gigantes y cabezudos, son elementos muy particulares de la procesión toledana, son representaciones de seres humanos, generalmente tipos populares o históricos, los primeros de enorme talla y, los segundo de cabezas descomunales. Gigantes, gigantillas y cabezudos, van detrás de la tarasca en las procesiones de Corpus, y aunque fueron prohibidos, por diversos decretos reales, fueron nuevamente integrados a la procesión en el siglo XIX. La tarasca y los gigantes son elementos imprescindibles en dichas procesiones, en España, Bélgica y Francia, y han sido declarados patrimonio de la Humanidad.
    Con la evangelización en el  Virreinato de la Nueva España, las tradiciones católicas europeas se trasladan a estas tierras en el esquema de las costumbres ibéricas. La primera Procesión de Corpus, es celebrada en la Catedral de la ciudad de México en 1526 contando con la participación de los campesinos que portaban  las primicias de frutos y semillas sobre los lomos de mulas (de ahí la costumbre de las “mulitas de paja”). Es de suponer que en todos los obispados novohispanos se tomaran disposiciones para realizar dicha procesión, incluido el de  Antequera que no fue la excepción.
Todas las procesiones  titulares de los templos de la ciudad recibieron el nombre de “Corpus” toda vez que quien presidía la procesión era el Santísimo Sacramento, siendo las más notables: El Corpus Grande o de la Catedral  de fecha variable, realizado a los 60 días del Jueves Santo (sexaginta);  el más renombrado de la ciudad, era el Corpus del Carmen;  los más lucidos, los de la Soledad y de Nuestra Señora de los Ángeles  o de los Siete Príncipes, el de Santo Domingo y el de San Francisco, y aunque no menos importantes , pero de menor trascendencia los de Nuestra Señora de las Mercedes , de la Consolación, de las Nieves y de la Defensa, así como el Corpus de la preciosa Sangre de Cristo y el de San José. Todos los templos realizaban su procesión del Corpus, en ella llevaban en procesión la imagen titular del templo, las imágenes de más devoción, o las imágenes titulares de las órdenes monásticas, las cofradías, y al final, el presbítero llevando la custodia, con el Santísimo Sacramento. Pudiendo ser acompañando por la chirimía o, posteriormente con las bandas musicales.
El Corpus Grande se denominaba así porque era la procesión más importante del obispado de Antequera, a esta procesión acudían todos los pueblos cercanos a la ciudad, que ahora conforman el Distrito del Centro; las imágenes titulares de los Templos con sus cofradías, las órdenes religiosas masculinas, los gremios de la ciudad, el Cabildo Eclesiástico y el civil, el clero secular, los canónigos de la Catedral y el Obispo, o su representante, la banda del ayuntamiento, tambores y chirimías. En el trayecto, se erigían diversos altares elaborados con ricos cortinajes, blandones, arreglos florales , generalmente eran siete, en desagravio a los siete lugares, en los cuales fue enjuiciado Jesús y encarcelado, la víspera de su pasión.
La procesión salía por la puerta principal de la Catedral para ingresar al Portal del Señor (actual portal de Flores), para después pasar al Portal de las Casas Consistoriales (Portal del Palacio del Gobierno), recorrer la calle  de Larrazábal  (1ª. calle de Guerrero), de ahí recorría la segunda y primera calles de Armenta y López, primera y segunda del Cinco de Mayo, primera de Murguía, segunda y primera de Benito Juárez y daba vuelta en la avenida Independencia para entrar por la puerta norte de la Catedral. Como la Misa Pontifical se realizaba a las diez de la mañana, era necesario acondicionar  las calles con velas (mantas o lonas) propiedad del Ayuntamiento, para protegerse del sol.
    El padre José Antonio Gay, refiere en su Historia de Oaxaca que la procesión era precedida por una gran sierpe, llamada “tarasca”, que representaba al demonio huyendo de Jesús Eucaristía; pero ante el miedo y sobresalto que causaba en mujeres y niños, el Obispo Montaño ordenó la supresión de la tarasca, siendo sustituida por tres parejas de gigantes que bailarían en el atrio del Carmen después de la procesión y, en la octava, en la Plaza del Petatillo.
    La procesión del Corpus, se siguió realizando en la capital, aún después de la promulgación de las Leyes de Reforma  y poco a poco, fue perdiendo la importancia que tuvo en el periodo virreinal, hasta quedar reducido a una procesión que se realiza en la actualidad del Templo de Santo Domingo a la Catedral, con las vicisitudes de los movimientos sociales de la capital, que en más de una ocasión han tenido que modificar el recorrido a última hora, por el bloqueo de calles o la instalación de algún plantón en el atrio de la Catedral.
     Es interesante conocer los orígenes de nuestras tradiciones para evitar errores y confusiones, Los Gigantes, fueron rebautizados en Oaxaca como “monos de calenda”, y nunca fueron llamados “monigotes”;  la Tarasca, rememora un hecho ocurrido en Tarascón, y no tiene nada que ver con la denominación de los purépechas (tarascos), así como el hecho de que representa a un dragón, con partes de diversos animales y no una serpiente china.
     El Corpus Grande de Oaxaca, perdió lucimiento y esplendor, en parte, debido a la separación de la Iglesia y el Estado, a la baja concurrencia de la feligresía y al poco interés de los organizadores para recobrar el esplendor del periodo virreinal.
     Fuentes consultadas:
      Enlaces: Catholic net
      Bibliografía: Historia antigua de Oaxaca.  Gay, José Antonio.
      Costumbres Oaxaqueñas del Siglo XIX. Vasconcelos, Francisco.
      Oaxaca en el Centenario de la Independencia Nacional. Portillo, Andrés.