La propiedad Comunal, El Tequio, la Guelaguetza y el Gobao en Oaxaca

 

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


 Diferentes formas de organización social  producto de una visión cosmovisión propia de la vida fueron creadas por los diversos pueblos indígenas de Mesoamérica, en las que el interés colectivo prevalece contra el interés individual, el nosotros es más importante que el yo; “yo solo existo, si estoy con ustedes y dentro de ustedes… y solo sirvo y valgo, si sirvo a la comunidad”.
  La Tierra es madre y por lo tanto no se puede ni debe concebir como una propiedad particular;  la Tierra  es propiedad en usufructo, sólo es tuya mientras la utilices, la cultives, te sirve a ti y a tu familia, te debes a ella y por ella existes;  sin la Madre Tierra, no se concibe la existencia. Esta visión causa conflicto  con los mestizos, quienes ven en la tierra algo que se puede comprar, vender o alquilar, mientras que  el indígena pide permiso y perdón a la tierra cuando va a herirla; le hace una ofrenda para apaciguarla, cuando se trata  de sembrarla, construir una casa o  hacer un camino. El ritual consiste en hacer una ofrenda a la Madre Tierra, al  Dueño del Lugar y las Almas de los Antepasados, para poder realizar cualquier actividad, desempeñar un cargo o realizar un viaje o peregrinación
    Hasta hace unos veinte años no se conocían las cercas ni las bardas entre los mixes pues al ser  propiedad comunal, todos los vecinos deambulaban libremente entre las casas, por las  veredas  centenarias que acortan las distancias y acercaban a las personas, con el único deber de saludar a los dueños y  se podían recorrer los caminos vecinales sin el menor problema.  La estancia en las ciudades y la vuelta al pueblo, hizo que  se comenzaran a utilizar  las mallas y las bardas, olvidando que  la única razón para cercar los huertos era evitar que aves y animales de corral, acabaran con las hortalizas y las flores.
En Totontepce  las casas-solares se delimitaban con cercas de chichicaxtle ( planta urticante, que produce ardor, comezón, salpullido), sauco y muicle, una planta medicinal de flores rojas y  la única barda de mampostería existente en la región mixe,   era la del atrio del templo, construida por los evangelizadores dominicos en la época virreinal con el objeto de  separar lo sagrado de la indiada, perdón de La República de Indios .Los derechos de propiedad, eran reconocidos por autoridades y vecinos al establecer  las mojoneras que son las piedras que se enterraban para delimitar las propiedades, por lo que cualquier problema de límites lo zanjaba el Síndico, buscando las mojoneras o consultando a los vecinos viejos.
     Todos tienen derecho a utilizar tierra, agua, leña, suelo, caminos y  a cambio deben cumplir con los cargos que durante un año se desempeñan sin sueldo y con el compromiso de ofrecer  a los pobladores un día de fiesta  que incluye alimentos, bebida, música y baile para agradecer el  honor concedido de desempeñar el Cargo, que no es una carga, sino una distinción que recibe con orgullo de ser tomado en cuenta para cumplir con el cargo que dicho sea de paso, significa ir ascendiendo en la escala de las responsabilidades comunitarias: Topil, Comité, Regidor, Alcalde, Presidente, Síndico. Al igual que ocurría en la China Imperial,  se califica el desempeño, y solo aquellos que cumplen con eficiencia y honradez, podrán aspirar a desempeñar un cargo de mayor responsabilidad; el nombramiento se hace  en el cementerio, frente al lugar  donde reposan los antepasados que cumplen con vigilar por el bienestar y futuro de la comunidad, durante una  Asamblea Comunal, se nombran los candidatos, y ahí mismo son valorados, sancionados o aprobados.
Todos los hombres deberán cumplir con el tequio que es  el trabajo comunitario que construye, mantiene o rehabilita, ya se trate del Templo, el Municipio (edificio), la escuela, los caminos y los puentes y solamente los músicos, que prestan su servicio en las actividades religiosas, los velorios, los entierros y las fiestas patrias están exentos de el tequio y las cooperaciones;  antiguamente en  Totontepec  quienes no cumplían con sus tequios y no aportaban las cooperaciones acordadas en Asamblea Popular,  eran mandados a arreglar los caminos lejanos  y hasta  encerrados en la cárcel, puesto que al no haber cumplido con los tequios y pagado sus cooperaciones, no tenían derecho a disfrutar de la fiesta patronal, que se hacía con el esfuerzo de todos.
 Otra forma de trabajo comunitario es la ayuda, que se  solicita cuando hay un accidentado;  para poder trasladar al enfermo o cuando  alguien sufrió cualquier percance, en otros tiempos estos traslados  se hacían a pie,  y también se daba ayuda cuando ocurría una desgracia como  un incendio o un derrumbe y no se encontraba a alguna persona o se buscaba un ahogado; entonces  se convocaba la ayuda de todos para ser solidarios con los familiares; otro tipo de ayuda se daba al fallecimiento en el pueblo  de una persona originaria de otra población, se pedía entonces  que llevaran flores, velas y alimentos para velarlo y para enterrarlo se preparaba  una tumba especial, pues entre los indígenas no existe la fosa común  y  todos los muertos se consideran iguales iguales. El  toque de la concha  (caracol marino) o el repique de campanas,  convocan al vecindario a la ayuda, en tiempos recientes, lo hacen los altavoces, colocados en el Templo o en el Edificio Municipal.
Sobre el tema de la ayuda existen algunos hechos que por su singularidad merecen recordarse y difundirse; por ejemplo:  siendo Maestro de Capilla o Capillo, como se dicen entre los Anyu Köjm de Totontepec, el señor  Manuel  Pacheco, tenía reservados los alimentos que se servirían el día en que la Banda Municipal ensayaría las piezas a estrenar en la Mayordomía y la Fiesta Patronal; en la cocina de troncos de techo de zacate, se guardaban las ollas con nixtamal , las tortillas ya elaboradas, los tamales y  los pollos cocidos, pero ocurrió que  de manera inusitada  un ventarrón avivó las llamas del brasero que alcanzando  la leña cercana provocó el fuego. Para cuando  las descuidadas cocineras se dieron cuenta, el desastre había iniciado y  a pesar de la prontitud con que los vecinos que ayudaban al casero en sus gasto trataron de apagar el incendio,  la cocina y la casa quedaron reducidas a cenizas, y ni qué hacer, si el ensayo empezaba después de la misa de siete.  Sin embargo, a eso de las cuatro de la mañana, al llegar  la aurora, poco a poco los vecinos fueron apareciendo con  morillos, vigas, cuerdas, zacate; llevaban también  tenates de nixtamal , pollos y guajolotes ya cocidos y mientras los hombres paraban la casa, las mujeres aderezaban la comida, así es que al llegar la banda, todo estaba listo para que el Capillo  cumpliera con su gasto. Las  notas musicales se arremolinaron en su mente y de manera increíble fluyeron en melodiosos acordes de una pieza titulada “Tristeza y Alegría “, que evoca la tristeza ante la desgracia y la alegría ante la solidaridad de todo el pueblo.
     La ayuda también se brinda para que los ancianos, las mujeres solas o  los discapacitados puedan construir su casa, repararla o techarla, sembrar su milpa o cosecharla y con la única  obligación de ofrecer algún alimento a quienes manifestaron su solidaridad, aportando trabajo, dinero o materiales; entre los indígenas  la mendicidad   no existe,  pues las autoridades tienen el deber moral de exhortar y solicitar el apoyo para los necesitados y desprotegidos y los pobladores la obligación se socorrer a quien vive o pasa por una situación crítica.
 Las mujeres también dan su tequio;  generalmente  son requeridas a moler el nixtamal, echar (hacer) las tortillas, preparar los alimentos o servirlos. En Santa María Ixcatlán, las madres solteras, las viudas o las llamadas quedadas (mujeres que no quisieron o no pudieron casarse) deben corresponder por los servicios brindados por la comunidad, amadrinando una de las nueve posadas en Navidad. En la mayoría de los pueblos mixtecos, ante la migración masiva de hombres, las mujeres dan tequio y desempeñan cargos comités y topiles, pero sigue perviviendo la inequidad de género, pues  a pesar de desempeñar cargos y dar sus cooperaciones, no pueden aspirar a ser regidoras, alcaldesas, síndico o presidente o agente municipal.
    El trabajo comunal es  de origen prehispánico y  se realiza para rozar, limpiar el terreno, sembrar la milpa en cajete (agujero hecho con la ayuda del bastón plantador o la coa), deshierbar, pizcar  y zacatear  en aquellos lugares que por su pendiente o difícil acceso no es posible entrar a sembrar con arado y yunta; recibir esta ayuda conlleva la obligación de ayudar también  a sus vecinos y familiares cuando así lo requieran, brindando a los ayudantes  pozol, comida, tortillas y en ocasiones aguardiente o mezcal.
En cuanto a la  Guelaguetza, que es una  tradición milenaria de los zapotecas que se fundamente en la ayuda y la cooperación y reciprocidad,  permite a una familia afrontar los gastos de una mayordomía, una boda o un funeral, ocasiones en que la cantidad de asistentes y participantes rebasa como mínimo mil personas y que por medio de una especie de préstamo a futuro, posibilita hacer lo que manda la tradición  sin que la familia quede en la ruina, aunque si  implica regresar cuando así sea solicitado, el dinero, los alimentos o la ayuda que fueron prestados y que quedaron  asentados en el “Libro de Guelaguetzas”  donde se registra en forma  pormenorizada cantidades de dinero, alimentos pesados o medidos con equivalencias como éstas:  medida de mezcal-5 litros-; libras de marquesote, de almendras ,de chocolate , de guajolotes -453 gramos-; onzas de especias -29.349 gramos-; arrobas de maíz o de frijol -25 libras o 12.5 kg-; fanegas  de maíz o de frijol -55.5 litros-; almud – ½ fanega 27.75 litros -;  pesada de maíz – 4 kilos -; cuartillos  - 1 kilogramo-; marrito de mezcal – 225 ml-.   La manera de medir el marrito era utilizando una cerveza de a cuartito, se llenaba hasta el margen superior de la etiqueta, se tapaba con la palma de la mano y se verificaba que el nivel del líquido llegaba a la misma marca; el mezcal y el aguardiente se medían en marritos, cantidad suficiente para una o dos personas. Para pesar, se utilizaba la “romana” , que es la  bascula de muelle elástico, tipo dinamómetro, con una argolla superior  de hierro que servía para colgarla de una viga , una rama o suspenderla del brazo en alto, por lo que era muy fácil de usar y difícil de alterar.
 Las monedas más comunes utilizadas hasta 1970 fueron  el peso, el tostón ( 50 centavos), la peseta (25 centavos), veinte , diez y un centavo, el quinto (5 centavos ). Como todo tiene que ser devuelto en la misma cantidad y calidad de lo que fue recibido, los problemas sobrevinieron con los cambios de moneda y las devaluaciones, pues hay que tomar  en cuenta que el pago de guelaguetzas podía alcanzar el resto de la vida o que incluso se heredaban los compromisos a los familiares directos sobrevivientes. Comentaba don Alfonso Vásquez Molano (Poncho Calendas),  vecino del Barrio del Carmen,  que siendo niño entró como aprendiz de sastre y  al poco tiempo, sobrevino el fallecimiento de su señor padre;  el Gremio de Sastres hizo acto de presencia al realizar la entrega solemne y discreta  de la lista con los nombres de los maestros, oficiales y aprendices, donde se estipulaban los montos de las aportaciones: maestro, 1 peso de plata; oficial, un tostón;  aprendiz, una peseta.  Don Poncho  guardó celosamente su lista, pues  su único anhelo era poder cumplir con el compromiso y fue hasta  después de 70  años que pudo comentar  con tranquilidad y satisfacción que moriría  en paz, puesto que el último de sus compañeros aprendices había fallecido y no legaba deudas a sus hijos. Todas las guelaguetzas se deben de pagar, pero las más importantes de solventar son las que se reciben cuando se tiene un difunto y  a quien le duele corresponder se le dice “Es muy bonito recibir, pero más bonito es pagar”.
 Las ayudas que se piden en una guelaguetza son maíz, frijol, pan, cacao, chile, panela, azúcar, huevos, mezcal, aguardiente, vino jerez, licor de anís, guajolotes, pollos, tercios de leña, tepache, chile (chilchuacle o chilcoxtle), tortillas o tlayudas;  también se solicitan como guelaguetza banda, conjunto musical, mariachi o trío y actualmente también puede pedirse ayuda con  el alquiler de sillas, mesas, lonas, cartones de cerveza, cajas de licor, recuerdos, adornos o servilletas, pues hay que destacar que  Institución de la Guelaguetza es aún vigente en los pueblos de los Valles,  y también en   las sierras Norte y Sur.  Ahora bien, quien no puede aportar objetos en especie, ofrece la Guelaguetza de Mano,  que representa un  trabajo corporal, que también puede y debe ser correspondido. Más rara, pero no memos importante es la ayudad monetaria. Cuando la familia tiene previsto su gasto, visita a familiares y amigos, entregan un copa de mezcal y un cigarro, terminaba la formalidad se informa del motivo de la visita y los caseros, con discreción expresan “ - ¿Y en que te puedo ayudar?”,  Lo que sella el compromiso al especificar  la Guelaguetza requerida en  cantidad y  fecha de entrega.

 Una tradición que poco se practica es  “El Gobao”,  cuyo objeto es ayudar a sobrevivir a las viudas, los huérfanos o los ancianos, para lo cual toda persona que sembraba su milpa tenía el deber moral de brindar esta ayuda  ya sea de manera concreta al responder a una solicitud formal: ¿Me podría dar el gobao de su milpa?, o  también de manera impersonal permitiendo que la utilice quien llegue primero. La pizca de la cosecha es una labor muy pesada pues  hay de despegar la mazorca, recoger el frijol y levantar la calabaza o la chilacayota, así es que  se solicita la ayuda de familiares, compadres o amigos, dependiendo de la extensión del terreno, quienes acuden a levantar la cosecha para lo que  se consiguen los pizcadores que son los  canastos grandes de carrizo tejido, sujetos a un mecapal que se cargan  en la  espalda y se sujetan  a la frente para poder caminar entre los surcos.  El Gobao consiste en que al recoger la cosecha,  a propósito se dejaban  en cada surco  mazorcas, matas de frijol o calabazas, como por descuido, pero con la intención de que quienes fueran por el “gobao”, obtuvieran lo suficiente para poder seguir manteniéndose y con esto  nadie repasaba la milpa pepenando, pues  el Gobao es una ayuda para los pobres o los necesitados. En Sola de Vega se sigue llamando “gobao”, en los valles centrales se dice gobau o gobá.