la mano mágica, de arnulfo mendoza

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Ustedes están a punto de ver, pero más de sentir, obras que sintetizan mundos.


Digo SENTIR, porque cuando se planten frente a una de ellas, más que identificar alguna figura o descubrir un mensaje, intenten reconocerse en el lienzo, porque las obras de Arnulfo contienen todos los mundos posibles que surgieron del alma de una raza inmortal, que es la nuestra.


Tú, espectador, a primera vista encontrarás objetos cotidianos, animales fantásticos, árboles caprichosos, montañas ensoñadas y fondos de psicogeométricos… PERO, ten cuidado, porque Arnulfo, ingenioso, profundo y ladino, como buen zapoteca, ocultó señales para que cada quien las ubique y se hermane con ellas.


Será fácil, porque en su surrealismo, si así se le pudiese catalogar, todos encontraremos algo nuestro… Ahí están, por ejemplo, los sueños recurrentes, o los deseos del paladar o de la carne, o la sublimación de la personalidad… e incluso, objetos de devoción religiosa o de veneración hacia algún ancestro…Quizá un recuerdo de la infancia… o una referencia a las lecturas.


Ahí están… muchos mensajes en cada obra… esperando que el espectador los haga suyos... y entonces, los SIENTA…


Estas obras guardan también algo maravilloso… fíjenese: cuando las pinturas y los tapetes de Arnulfo fueron expuestos en Chicago, el público y los críticos concluyeron, después de VER y SENTIR aquel conjunto, que contenía todo un TESTIMONIO CULTURAL, y por ello, así se tituló a la muestra, porque, en sus trazos, fue capaz de hacer explícita… toda una cultura.


La experiencia en Japón fue igualmente intensa, pues aunque el arte en aquellas latitudes se basa en otros conceptos teóricos, los nipones no tuvieron más remedio que reconocer la validez internacional de los mensajes culturales del pueblo de Arnulfo, en cuyos genes pervive la sabiduría de muchas generaciones que, por ser atávica, equivale al de todas las naciones.


Coincidieron en ello quienes admiraron estos trabajos en Nueva York, París, Madrid, Los Ángeles, Berlín y muchos sitios más. Coincidieron en que la misión atemporal de Arnulfo, construye la identidad mexicana... con alcance universal.


Por ello, los museos exhiben con orgullo la obra de un hombre que ascendió a la luz -desgraciadamente antes de tiempo-, hace apenas dos años.  Esta exposición se convierte así en un homenaje que también enaltece a los directivos de la hoy cumpleañera Casa de la Cultura Oaxaqueña.


Cuando despedimos a Arnulfo Mendoza, en marzo de 2014, su cortejo recorrió los cuatro puntos cardinales antes de culminar en su entrada al Mictlán, donde su alma ya transita los páramos, los lagos y los cerros de un inframundo que él vislumbró y plasmó en vida. Nuestro artista llegará en su momento al 11º cielo mesoamericano, llamado Teotl Tlatlahuca o “cielo rojo”, por ser ese su color favorito y por haber sido nombrado “Gran Maestro” en el uso de la grana cochinilla por la comunidad museística nacional.
Todo lo anterior hace que, lo que vamos a ver… y a sentir, es la obra de unas manos mágicas.


Esta exposición puede visitarse en la Galería Rufino Tamayo de la Casa de la Cultura Oaxaqueña hasta el 16 de agosto del 2017.