la golondrina

Por: Acontragolpe


Leyenda del istmo de Tehuantepec tomada del libro Los Hombres que dispersó la Danza de Andrés Henestrosa

 

Entonces, este Lago de Santa Teresa no guardaba como hoy, agua muerta, sino viva y honda, y a su orilla no había monte cercano al agua, sino una cinta ancha muy blanca de playa.


Perseguido Jesús por los judíos sucios de ira, hacía varios días, lo mismo si llegaba o se iba la luz, caminaba una mañana junto a sus olas. Y la golondrina que se desvelaba por él en fuerza de adorarlo, lo seguía para borrar, arrastrándose en la arena, sus huellas.


Esa mañana, de tan cercanos, sus pasos y los de sus enemigos, se oían juntos. Una mano enemiga extendida, le llegaría al hombro si el niño, con el ademán de cruzar el agua, no avanzara varios metros mar adentro rápidamente. Y el mar, sin olas, no le subió arriba de las rodillas.


Los judíos, espantados, retrocedieron ante el milagro.


Pero la golondrina voló, por no haberlo visto volver a la playa, limpia de enemigos, para buscarlo. Cuando llegó al otro lado, la pena le había teñido de negro desde el pico hasta la punta de las plumas de la cola; y conservó desde entonces blanco el pecho nada más, para recordar que con él borró sobre la arena, las huellas del Señor.


Varios días después, volvieron los judíos para recoger en el aire, la palabra que dijera que Jesús había cruzado el mar. Pero no fue así. En la arena, un poco hundida, encontraron sus huellas. Y como la golondrina no lo seguía para borrárselas, ese mismo día, junto a la noche aprehendieron.


A la mañana siguiente Jesús había muerto.


El mar no ha vuelto acrecer; y la golondrina, vuela a su orilla negra de pena, con el pecho blanco, a ras de tierra, como si se le hubiera caído la sombra y quisiera con el pico levantarla.