JUANA C. ROMERO

Por: Salvador Sigüenza Orozco


Con afecto para la familia Acevedo Villalobos.


Entre los personajes oaxaqueños asociados a la figura de Don Porfirio Díaz, destaca la de una mujer que nació en Tehuantepec y de la cual se afirma permaneció enamorado toda su vida: Juana Catalina Romero. Entre las anécdotas que de ella se cuentan, hay dos vox populi: haber ocultado entre su falda a Porfirio Díaz a la llegada de los franceses a Tehuantepec y provocar que la vía del ferrocarril Transístmico pasara frente a su casa. Juana Cata falleció el mismo año que Díaz.


La vida de esta destacada mujer ha sido abordada en trabajos como la novela histórica de María de los Ángeles Cajigas, La Didjaza, o el texto de Enrique Krauze titulado Porfirio Díaz, místico de la autoridad. La biografía que a continuación se presenta fue escrita en Tehuantepec en febrero de 1959, por el profesor Efraín Cisneros Ruiz; el original se encuentra en el Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública en la ciudad de México; para facilitar su lectura el documento se ha editado, respetando su esencia.


“Juana C. Romero nació en la Ciudad de Tehuantepec en el año 1838, falleció en la Ciudad de Orizaba el 19 de Octubre de 1915; su cadáver fue trasladado a Tehuantepec, donde fue sepultado. Desde muy joven se dedicó al comercio y, poco a poco, debido a una clara inteligencia y además dotes naturales, logró reunir y acrecentar una capital para llevar un noble proyecto que acariciaba con amor y al que dedicó todos sus esfuerzos: desterrar el analfabetismo hasta donde lo permitieran sus medios. Trajo para ese propósito Maestros y Maestras de Oaxaca para la enseñanza de las materias más elementales en locales pequeños. Así empezó la realización de su acariciado propósito que, transcurriendo los años, fue creciendo y mejorando cada vez más. Por los años de 1892 ya se consideraban de importancia las dos Escuelas que sostenía para niños y niñas, contando con edificios propios y personal selecto. Debe tomarse en cuenta que en ese ramo en Tehuantepec la instrucción casi era nula.


En 1906 la Escuela de niños ya estaba a cargo de los Hermanos Maristas que, aún a la fecha, se citan entre los mejores educadores. Les cedió un campo para sus deportes y entonces se inauguró un edificio construido especialmente para la escuela, al que dotó con todo lo necesario y adelantos de la época. En cuanto a la de niñas, estuvo atendida sucesivamente por las Hermanas Guadalupanas en 1892, después por el año de 1904, por las Teresianas, que no duraron mucho tiempo a causa de la Fiebre Amarilla. Desde 1906 quedó a cargo y dirección de las Hermanas Josefinas. Es de apreciarse el hecho de que los alumnos recibían una enseñanza completamente gratuita. Del peculio de Juana Cata corrían los gastos del sostenimiento de los profesores de ambas escuelas, útiles y demás necesidades; cada fin de año gozaba al obsequiar todos los premios para los alumnos. Dichos planteles siguieron funcionando después de su muerte, su sostenimiento lo siguió la señora Josefa G. viuda de Romero, una de sus herederas, hasta 1926. A causa de los malos tiempos se vio obligada a suspenderlos. Los planteles que se mencionan siguen impartiendo enseñanza. La de varones sostenida por el Gobierno lleva el nombre de su realizadora y benefactora “Juana C. Romero”. La otra sigue con carácter particular, aún dirigida por las Hermanas Josefinas.


En cuanto a las obras de la señora en otros aspectos, siempre amó y procuró el beneficio en todas las órdenes de su querida Ciudad de Tehuantepec. Cuando la epidemia de Viruela en 1904, trajo de México a unas siervas de María que se encargaban de asistir a los enfermos, en los bandos más necesitados, llevándoles alimentos y medicinas. También ayudó a las obras del Palacio Municipal, mandó construir toda la barda del Panteón Municipal costeando su portón de hierro; para las necesidades de la iglesia siempre ayudó en todo cuanto pudo, mandó colocar en la Catedral de Santo Domingo el piso de mármol blanco. Su caridad no tuvo límites, nadie la solicitaba en vano.


Es notable a donde llegó esta notable mujer en su esfuerzo comercial. Dicho comercio fue mejorando cada vez más hasta llegar a ser, puede decirse, uno de los principales del Istmo, que surtía a casi toda la región. Hizo varios viajes a Europa. En Manchester encargó la fabricación de la célebre e inigualable muselina para los huipiles de las tehuanas, con colores y dibujos exclusivos indicados por ella, no había igual en todo el país. En Austria eligió preciosas gasas de seda que usaron las tehuanas para sus huipiles grandes, así como ceñidores bordados del mismo material, piezas muy finas y vistosas. Para los hombres mandó a hacer en Puebla con pieles de Castor –producto alemán- los famosos Charros de a 24 que eran el lujo del tehuano.


También se dedicó a la agricultura. Adquirió poco a poco fracciones de terrenos que fueron agrandándose hasta constituir el Ingenio de Santa Teresa de Jesús en donde se elaboraban alcohol y azúcar de primerísima calidad. El azúcar llegó a adquirir el renombre por su esmerada elaboración; habiendo obtenido Medallas de Oro y Gran Premio en las exposiciones de San Luis Missouri, Chicago y Cristal Palace de Londres. Un año antes de su muerte hizo su último viaje, a Tierra Santa, deseo que había alimentado por mucho tiempo.


Fue su amor por esta tierra el que inspiró todos sus actos, ungidos de caridad cristiana; el que iluminó su pensamiento apenas cultivado, haciéndola vivir que una ciudad, un Estado o una Patria, sólo pueden abrirse paso hacia el progreso, prendiendo en su niñez y en su juventud las luces del saber.


Tehuantepec, Oaxaca,  a 26 de Febrero de 1959.”