HIERROS FORJADOS DE OAXACA

Por: Acontragolpe


Un arte que desaparece entre el cambio a lo moderno y la ignorancia

 

“No hay materia en la naturaleza que preste mayores servicios al hombre que el hierro y que a la vez requiera para dominarla más energía y precisión”; así decía Federico E. Mariscal en el prólogo al libro “Hierros Coloniales de Toluca”, escrito por Víctor Manuel Villegas en 1942.  En efecto, el hierro, producto procesado por el hombre, le ha sido de una utilidad casi imponderable, como al paso de los siglos podemos observarlo; pero donde alcanza las alturas del arte es en todo tipo de enrejados, barandales de escaleras, balcones, chapas, llaves, cerrojos, bocallaves, llamadores o aldabones, candelabros, volutas y demás elementos decorativos complementarios, protectores o bien de aquellos otros de manifiesta herencia celtibera (1)
Aún cuando la forja de hierro es arto antigua remontándose a cuando menos dos milenios,  hoy día la  admiramos en las formas góticas y románicas que perduraron en todo el renacimiento español, introduciéndose en el barroco más avanzado, donde adquirió un auge sin parangón y desde el que trascendió a todos los pueblos de América, para expresarse en las más notables obras de arte a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, así como a los primeros años del XIX.
Europa aportó las mejores influencias que árabes y judíos le prodigaron en el Medioevo a través de sus formas más representativas materializadas en la forja, el estuco y la piedra.  España las asimiló y toda Iberoamérica le dio su mejor toque de gran inspiración artística.  Así, en nuestra Nueva España las ciudades virreinales más importantes fueron recintos amorosos que acogieron al hierro forjado para recibir de él belleza y seguridad protectora: Puebla, que posee múltiples ejemplares de exquisita elegancia y gran belleza, como aquellos enrejados dorados de su majestuosa catedral es un buen ejemplo; Taxco, en el estado de Guerrero, posee una forja barroca excepcional; Querétaro, donde la floración también del barroco se manifiesta en hierros de belleza sin par; Toluca, que aún perdiendo en la modernidad gran cantidad de su patrimonio en forja, todavía tiene presencia tanto en balconería, como en enrejados y sobre todo en piezas de exquisitos dibujos; Morelia, la antigua Valladolid, también cuenta con forjas interesantes; Guanajuato, sigue en  posesión de hierros muy característicos y representativos del barroco mexicano; Zacatecas, que decora con muy valiosas producciones las bellas casonas del siglo XVII, donde aún se respira la presencia de aquellos antiguos mineros que guardaban su plata en vetustos arcones de madera con bellísima forja protectora.  Pero Oaxaca, nuestra Verde Antequera tiene, o tuvo, un lugar prevalente en esta artesanía llevada a la altura del más depurado arte, tal como lo refiere Víctor Manuel Villegas(2)… “Oaxaca, por su tradicional aislamiento, es una ciudad que conserva en las rejas de sus ventanas, principalmente, la mayor cantidad y variedad de hierros forjados que se distinguen allí; -y continúa- desde piezas cinceladas del siglo XVI en Santo Domingo, hasta rejas de nuestro siglo con el mismo espíritu de la colonia”.  Tal parece que la Ciudad Jade fue una digna heredera de Vizcaya, la tierra española del hierro; aquella que mereció el refrán que dice… “Llevar hierro a Vizcaya, equivale a llevar agua al mar”.
Pero Oaxaca, como todas las demás ciudades mexicanas de gran crecimiento y evolución, ha perdido buena parte de ese patrimonio artístico que es considerado como un valiosísimo legado de su hermoso pasado; legado del que ya no podemos dar cuenta cabal a las nuevas generaciones; herencia-legado que se destruye día a día por la ignorancia, por la incuria, por la ignominia, la irresponsabilidad o por el interés económico de aquellos que transitoriamente han tenido en custodia los bienes de nuestro insustituible acervo patrimonial. 

Estoy seguro que una gran mayoría de nuestra  población desconoce el hecho de que nuestros antiguos artífices de la forja requerían presentar un examen, para ser acreditados como personas que garantizaran calidad.
Después de comprender la importancia que en el virreinato se daba a los profesionales de la herrería, entre los que le dieron a la Antequera Oaxaqueña belleza, dignidad y señorío, me queda claro por qué es tan lamentable que poco o nada se haga para detener el paso avasallador de la destrucción de este valiosísimo patrimonio cultural, que requiere nuestro mejor esfuerzo para rescatarlo y para

 

1. Proviene del término celtibería que alude a la fusión de dos pueblos españoles de un remoto pasado: los celtas y los iberos.

2. Víctor Manuel Villegas. Hierros coloniales en Zacatecas. Tercera Edición. Edit. Impressa. 1990