GORRIÓN, PÁJARO PROLETARIO

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Gorrión, pájaro proletario

A esta ave menuda y gritona, amiga de todos pero desconfiada de nacimiento, se le encuentra en casi todo el mundo. Es uno de los más emblemáticos ejemplos de globalidad natural y un paradigma sobre cómo sobrevivir con poco.

Por Prometeo A. Sánchez Islas*

Según canta Serrat , el gorrión “nació libre como el viento, no tiene amo ni patrón y se mueve por instinto…”, mientras que Gianmarco explica que el gorrión “lleva en el alma la libertad de los que sienten que, para ganar la felicidad, no basta suerte; sabe que el fuego de su corazón es lo que enciende la pasión de vivir, sin importarle lo que otros piensen”.
Ambos trovadores describen en sus canciones a un ave menuda, de color poco atractivo y canto desafinado, cuya dinámica vida -casi siempre al ras del suelo- se consume entre brinquitos, atragantamientos, escandalosas sesiones vespertinas y eventuales migraciones estacionales. Uno se preguntaría qué tiene de especial un animal tan ordinario, como para merecer poemas… porque los tiene en demasía. Transcribo otro fragmento, de Tabaré Cardozo que se auto-exalta: “soy un gorrión, soy un bufón, que cantando alegre va, de polizón en el camión, que atraviesa la ciudad”.

Como podemos darnos cuenta, el gorrión, sirve para ejemplificar la vida libre, no sólo porque se les ve en casi cualquier país del planeta, sino porque su actitud es la del personaje despreocupado, que goza de la vida con lo que alcanza a conseguir, y que en su discordante piar lo mismo puede uno identificar alegría, nostalgia, hambre, calor, frío, protesta o apoyo.

Hace días escuché un tango moderno , cuya letra, basada en una tonadilla popular argentina, califica al gorrión de “proletario”. Nunca había pensado en alguna teoría social clasista para las aves, pero me pareció sumamente ingenioso aplicar tal adjetivo a un ser que no ofrece su mano de obra a cambio de un salario por carecer de medios de producción propios. Sin embargo, quizá en nuestra subjetiva clasificación de belleza corporal y preciosidad en el canto de los pájaros, el gorrión merezca una posición baja entre los ornitológicos espacios, tanto así, que ni siquiera vale la pena capturarlos para tenerlos enjaulados, pues su propia condición de seres comunes, les protege de la jactancia humana.

Sus orígenes -dice el diccionario- vienen de hace 12 mil años, casi lo mismo que la agricultura, por lo que se les asocia a los humanos sedentarios. Quizá esa larga y estrecha vecindad les hace tan confianzudos como para entrar a las casas y pararse en las mesas a exigir sus migas, sin que por ello se dejen tocar. Su instinto de conservación es observado como una defensa de su libertad a ultranza.

Si viajas, encontrarás gorriones desde el Medio Oriente (en la Mesopotamia clásica ya se les reconocía), hasta Suecia, y desde la Patagonia hasta Alaska. Lo mismo soportan calores de 50° en el Amazonas, que fríos de menos 45° en los Alpes.

Y además, no son exigentes para comer. Probablemente eso los haga más “proletarios”, si los comparamos con algunas bellas aves “burguesas”. Prefieren los cereales y en su mañosa forma de sobrevivir, se acercan a donde se cultivan granos o se crían ganado, pues las gramíneas les proporcionan una dieta deliciosa, balanceada ¡y gratuita! Y en su sabiduría ancestral, se acomodan de buen grado con las frutas, hortalizas y verduras tiernas. Esa pragmática razón hace que la densidad de gorriones sea mayor cerca de almacenes, depósitos, mercados, trenes cargueros, además de las ricas campiñas bien cultivadas. Sin embargo, las ciudades también constituyen su hábitat natural, pues las sobras de comida les caen de maravilla, siempre vigilantes de los depredadores urbanos, especialmente los gatos.

Aquellos que observan pájaros, afirman que durante la época de crianza, ambos padres se esfuerzan por alimentar a sus gurriatos con arañas, insectos y lombrices, lo que vendría a confirmar que son como nosotros: omnívoros. Para tal fin poseen un pico cónico, corto y fuerte. Cuando están de suerte, los bebés comen mariposas y orugas durante los catorce días que dura su evolución, desde ser pichones ciegos y calvos, hasta animarse a volar y ejercer su libertad en forma casi inmediata.

En otra canción, Alejandro Fernández le dedica a una paloma estos renglones: “Como que soy muy gorrión, te lo voy a demostrar, si tus lindas alas tiene oro, algún día se acabarán. Como que soy muy gorrión, conmigo vas a llegar, y en mi pobre nido, yo te voy acurrucar”. La inspiración de esta letra probablemente surge de los nidos que esos animalitos fabrican en cercana vecindad con los humanos, entre aleros, tejas, huecos de pared, salientes, vigas y árboles cercanos, en donde además compiten ferozmente con los roedores y otras aves como las golondrinas. En su audacia, construyen en cavernas, minas, postes de iluminación, acantilados y dentro de los nidos de otros pájaros a los que ahuyentan.

Pero si su intrepidez no tiene límite, sus materiales son elegidos con el mismo ingenio: papeles, palitos, crines, pajas, pedazos de tela, cordones, etc., de manera que sus moradas son muy resistentes ¡y aún más sorprendente!... cuando trabajan en equipo, hacen nidos multifamiliares, divididos por paredes internas de gran robustez.

Realmente parecen bastante “proletarios” (en su sentido más superficial), al demostrar su habilidad para acomodarse a las circunstancias, obtener provecho de vivir cerca de los medios de producción del hombre, así como de su ganado, vivir en espacios estrechos, alimentarse con lo que el día les proporciona y lanzarse a la libertad cuanto antes, venciendo los desafíos del mundo desde pequeños.

Por lo demás, los gorriones son tan prolíficos que en un año ponen hasta cinco veces, siendo común que los pichones de la primera camada pongan antes de cumplir 12 meses. Sus huevos son de diferentes tamaños y colores, debido a lo variado de su alimentación.
Para llegar a este punto, debe cumplirse el ritual de cortejo, según el cual los machos se agreden y picotean, sus colores se intensifican y su clásica pechera oscurece más. El ganador lleva una prenda a la hembra, saltando y cantando. Ella se hace del rogar unos minutos antes de consentir y en seguida permanece quieta pero sin dejar de mover las alas. El macho, a diferencia de otras especies, la cubre hasta cinco veces, danzando de un costado al otro.
La llegada a América del gorrión parece ser muy reciente. Una leyenda propone que a Argentina llegó a mediados del siglo XIX en un velero procedente de Liverpool y otra dice que fue un cervecero suizo quien trajo varias parejas y las soltó en libertad cuando quisieron aplicarle un arancel. A Nueva York también llegó viajando en buques ingleses. Los ornitólogos afirman que en una pequeña franja del sur de Argentina y en la costa occidental de Canadá se encuentran evidencias de gorriones ancestrales, previas a la introducción procedente de Europa.
En México podemos sentirnos orgullosos del impresionante Museo de las Aves de Saltillo, Coahuila, creado en 1993 en un antiguo recinto jesuita, gracias al entusiasmo por la cultura y por la preservación natural, de su gobierno estatal y al apoyo monetario de don Aldegundo Garza de León.
Los detractores de los gorriones dicen que dañan las cosechas y los frutales, además de ser malos cantores. Los defensores dicen que liberan las casas de insectos y arañas, de los cuales cada animalito se come casi dos cientos mil por año. Estas posiciones han dado lugar a ejemplos extremos: en 1937, en los viñedos de Mendoza, Argentina, durante una semana se regaron granos envenenados en campos y parques en una campaña anti-pásula (así le dicen al gorrión). El resultado fue decepcionante pues casi ningún pásula comió los granos y siguieron festejando en estridentes grupos, en las copas de los árboles, cada nuevo atardecer y aplicándose los baños de polvo que tanto les gustan. Por otra parte, en sociedades sabias -por viejas- como las de Londres o París, a los gorriones se les instalan cajitas de madera para que aniden y vivan cerca de uno, otorgándonos sus beneficios, pero en libertad.
Esa imagen condujo a Jorge Luis Otero a escribir “Veo desde mi celda un gorrión, cómo me mira y revuela, aposándose en las rejas, de esta maldita prisión”. Y a Claudio Rodríguez a preguntarse sobre ese vecinito “¿Qué busca en nuestro oscuro vivir? ¿Qué amor encuentra en nuestro pan tan duro?... No olvida. No se aleja este granuja astuto de nuestra vida. Siempre de prestado, sin rumbo, como cualquiera, aquí anda, se lava aquí, tozudo, entre nuestros zapatos”.

Finalmente, una metáfora de Jesús Juan David , sobre lo que hemos perdido: “Ven, que solamente basta con palpar tus huellas. Tu voz me urge, como la aurora al día, y yo te seguiré soñando, te seguiré buscando, cual tutora mano a su gorrión perdido”.

 

____________________________

Joan Manuel Serrat es compositor, intérprete y poeta barcelonés,  destacado tanto en castellano como en catalán. Reconoce influencia de los mejores poetas contemporáneos y de géneros como el tango, el bolero y la copla española.

Gian Marco Javier Zignago Alcóver es un cantautor y animador de TV peruano, ganador de Grammys Latinos y embajador de buena voluntad de la UNICEF.

Tabaré Cardozo es un magnífico representante del folclore contemporáneo uruguayo. Su especialidad son las murgas, piezas populares que combinan música, teatro y coros, aplicadas a carnavales, eventos barriales, deportivos y patronales.

Seguramente era un tango de Astor Pizolla con letra de un poeta local que escribió versos a todas las aves de su provincia.

Alejandro Fernández Abarca es un joven empresario jalisciense, actor y cantante de piezas rancheras, baladas y pop. Su imagen metrosexual y sus duetos con famosos le han dado renombre en Latinoamérica.

José Luis Otero Hernández es un expreso y excomunista de Guanabacoa, Cuba. Hoy vive exiliado en Florida con su familia.

Claudio Rodríguez García fue poeta español (de Zamora), de origen humilde, muy orientado a los jóvenes y niños.

Bloguero encontrado al azar en la web.