Fiestas Patronales en el mes de Julio en Oaxaca de Juárez

Por: Demetrio Quiroz Alcántara


El séptimo mes del año es parco en festividades religiosas en Oaxaca de Juárez;  el mes con mayor celebraciones es el de Octubre,  pues los frailes  dominicos, evangelizadores de estas tierras,  tienen como advocación a  la Virgen del Rosario,  cuya festividad se realiza en el mes de Octubre, así es que  en Santo Domingo  se celebra, además de ser considerada también como fiesta principal en la Merced, Jala tlaco, La Trinidad de las Huerta, Santo Tomás Xochimilco y Santa María del Marquesado .


El mes de diciembre  también es importante en celebraciones, la Inmaculada Concepción que se celebra en San Juanito, actual agencia municipal de San Juan Chapultepec; la fiesta del el Santuario de Guadalupe, la Soledad y finalmente la Navidad, que es celebrada en todos los templos. En el mes de Julio solo se celebraban en la Antequera del Valle de Oaxaca, dos festividades: La Preciosa Sangre de Cristo y, la Festividad del Carmen, anexando hace 20 años la fiesta de Santo Tomás  en el actual Barrio de Xochimilco.


Es oportuno aclarar que el pueblo de Santo Tomás Xochimilco, quedó  bajo el patronazgo de Santo Tomás Apóstol; sin embargo, por alguna circunstancia,  durante el virreinato, la fiesta más popular  era la del  Señor de las Tres Caídas, celebrada el Martes Santo;   siguiendo en importancia la festividad de la Virgen del Rosario,   con un  carácter único, pues  es celebrada en dos imágenes de la misma advocación, una  que corresponde a los  hombres y, la otra de mujeres;  cada una  con su respectivo mayordomo y día de festejo,  el tercer domingo y lunes de octubre, respectivamente. La octava  es celebrada, por el Mayordomo de Relicario, lo que deja en tercer término de importancia la fiesta titular que corresponde a Santo Tomás Apóstol, que en  el siglo XX, se realizaba el 21 de diciembre y era eclipsada  por la realización de las posadas y la Navidad; posteriormente  la celebración pues retomado el día 3 de Julio o el domingo siguiente, si cae entre semana la fecha; para garantizarla, se adoptó el esquema de mayordomía,  siendo una de las más recientes en la ciudad. Dependiendo de los mayordomos, se realiza convite, novenario en el templo, calenda, Rosario de Aurora, Misa Solemne, Recogida de Mayordomos, comida, ofrecida por el mayordomo y procesión con la imagen.


No olvidemos que en realidad la fiesta patronal de la diócesis de Antequera  es la celebración de San Marcial Obispo de Limoges, el cual es declarado Patrono Jurado de la diócesis y de la ciudad, como protector en caso de  temblores y terremotos; sin embargo, aunque es el patrón de la ciudad, no existe referencia  alguna de la celebración de la festividad, salvo que en Antequera, se celebraba el 3 de Julio, mientras que en el calendario litúrgico, se conmemora el traslado de sus restos el 30 de junio y su martirio el 10 de octubre, así es que puede pensarse que la fecha en Oaxaca queda establecida en el día que fue declarado patrono de la ciudad.


Desde hace  algunos años  se realizan    festejos profanos  en honor de San Marcial, como el convite y la calenda, estableciendo la celebración más importante en la Catedral, donde es presidida por el propio Arzobispo, el Obispo y el Cabildo Eclesiástico. En las crónicas del siglo XIX no se menciona esta fiesta, tal vez porque no era relevante y en el presente, revitalizar esta celebración no ha sido posible debido a que el santo no cuenta con devotos; aunque si existe referencia de que existió una ermita dedicada a San Marcial Obispo, ubicada donde se iniciaba el inicio del camino de Tehuantepec y Guatemala, lugar que actualmente ocupa  el Templo de Nuestra Señora de las Mercedes,   incluso en la fachada de este templo puede apreciarse una imagen de este santo, al igual que en la fachada lateral del templo de la Preciosa Sangre de Cristo, edificación del siglo XVII ubicada al norte de la ciudad, donde por cierto, existía el cementerio original de la Antequera de Oaxaca,  consagrado en el año de 1689, uno de los primeros erigidos por el clero secular ya que  los principales templos   como la capilla de  San Pablo, Santo Domingo, San Francisco, El Carmen, San Agustín, La Merced, La Compañía, Santa María de los Ángeles y de los Siete Príncipes, San José, Santa María de las Nieves, Nuestra Señora del Patrocinio, San Felipe Neri, La Capilla del Convento de Santa Catalina, San Juan de Dios, Nuestra Señora de Guadalupe y La Soledad, pertenecieron a diversas órdenes monásticas y eran parte de un edificio conventual;  Santa Catarina Mártir, fue el primer templo de la ciudad, y en él se estableció de manera provisional la primera sede episcopal, para posteriormente, ser cedido a la orden hospitalaria  de los Juaninos.


El tercer templo secular fue el de las Lágrimas de San Pedro, el cual cambio de advocación, para llamarse  “De los Dolores de la Virgen”  posteriormente a su reconstrucción, costeada por un sacerdote costeño originario de Santiago Jamiltepec; posteriormente su advocación se cambió al  Carmen,  llamado popularmente “del Carmen Bajo”, debido a su ubicación geográfica. Por lo tanto, el cuarto o quinto templo sería el de la Preciosa Sangre de Cristo. Se desconoce la razón del título, pues la Festividad  en el calendario litúrgico, era denominada: “La Preciosísima Sangre de Cristo”; ahí se estableció una ayudantía de parroquia, siendo posteriormente elevado al rango de parroquia, por el Obispo Gilow, lo que lo convirtió en la  segunda parroquia de la ciudad.


La festividad, del Carmen se realizaba el segundo miércoles de Julio, y la procesión en la Octava, en el segundo domingo del citado mes. Era una de las fiestas de mayor arraigo en la ciudad, siendo temporada de ventas para los estrenos obligados, pues  junto con el Carmen, era costumbre el estreno de vestuario para asistir a la Misa de Función y el Corpus. A pesar de ser una barrio muy pequeño, que colindaba con Santo Domingo, La Catedral, el Carmen, Las Lágrimas de San Pedro y el Patrocinio, sus festejos eran importantes: Convite, rendidas de Culto, Calenda, procesión y quema de fuegos artificiales, con su respectiva octava. Al ir perdiendo vecinos  la festividad fue decayendo y puede decirse que  entre los años de 1970 -1990, tuvo su último esplendor, pues la animosidad de Doña Cleme,  Clementina González Romero y de la señorita Vicky, Virginia Reyes Ortega,  hicieron posible la realización de los festejos religiosos y profanos. En la actualidad, tras una breve recuperación de la calenda y los fuegos artificiales, las festividad no tiene mayor trascendencia entre la población.


Si bien la Orden de los Carmelitas, arriba a la Nueva España, en 1575, fecha bastante tardía, pues ocurre 50 años después de los franciscanos; a la Antequera del Valle de Oaxaca, llegan hacia 1680, instalándose provisionalmente en el Templo de Nuestra Señora de la Consolación, mientras se construye su templo y convento hacia el norte de la ciudad, en donde se encontraba la Ermita de la Vera Cruz. La construcción del Templo del Carmen  se inicia en 1696, siendo consagrado en 1699. No existen referencias, de que se haya celebrado en algún otro templo la festividad del Carmen. El culto a la virgen del Carmen, adquirió proporciones inusitadas, pues se estableció una Archicofradía, que es la cofradía más antigua o con mayores privilegios que las otras de la misma población, que en el caso de Oaxaca  contralaba las hermandades de todas las parroquias de la diócesis, llevando el registro anual  por Parroquia y población de las personas, que habiendo recibido en forma solemne el escapulario, pertenecían a la Hermandad del Carmen. Contó además  con una cofradía, la hermandad, la Corte de Honor, las Damas de Compañía, estas dos últimas, miembros de lo más granado de la aristocracia oaxaqueña.


Las fiestas del  Carmen tuvieron gran arraigo y renombre en la ciudad, Valles Centrales y las sierras Norte y sur. Según, expresa Francisco Vasconcelos, en su libro “Costumbres Oaxaqueñas del siglo XIX, “La función del Carmen causaba gran alboroto público, los vecinos del barrio se esforzaban en que fuera lo más solemne posible, organizando grandes convites para la novena, calenda y fuegos artificiales, adornando sus casas en el día e iluminándolas de noche, con gran gusto y profusión de luces, invitando a sus amistades a pasar el día en cada casa, organizando bailables en casi todas del barrio, dando simples reuniones; obsequiando refresco y tamales el día del Corpus, lunes y martes siguientes, Octava y los mismos días sucesivos a ella. Los Gigantes, los viejos, los locos y los moros, cuyas diversiones serían ridículas hoy…”


El esplendor Carmelitano continuó   hasta principios del siglo actual. Es la única fiesta religiosa en México, que se celebra durante un mes, haciendo de julio  el Mes Carmelitano. El 1º. se iniciaba con “El Alba”, repique de campanas, quema de cohetería y recorrido con la banda de música, por el barrio;  el día anterior a la novena se repetía El Alba, con repiques y quema de cohetería a las 12 y 15 hrs para dar  inicio al  Convite que visitaba  los mercados Sánchez y Pascuas;  el Barrio y bajaba al centro para llegar a  la Catedral y el Palacio de Gobierno; también era recibido en el Mercado Juárez Maza por  Casilda Flores, Lalo y Teresa Valera Flores, recordada como La Chatita;  la señora Evelia Méndez, de la Quesería “La Oaxaqueña”, y la señora Rosita, expendedora de chiles y semillas, de ahí, se dirigían a Camino Nacional, para ser recibidos por Memo  el de los dulces regionales, para regresar  al centro no sin antes pasar por la Basílica de la Soledad y retornar  al templo hacia la una de la mañana.


El novenario, a excepción de otros templos, se realizaba en dos momentos: el matutino, reservado a diversas familias  y el  vespertino donde participaban parroquias, capellanías y asociaciones religiosas. La víspera de la fiesta arribaban los comités de las diferentes Secciones de la Adoración Nocturna de la Diócesis de  Oaxaca, realizando una Vigilia Solemne. Las mañanitas se entonaban a las seis de la mañana  por diversos grupos del barrio y de la ciudad.  


Durante el día llegaban decenas de personas llevando, ramos, arreglos y rollos de flores, especialmente nardos. Después de la misa concelebrada, que era presidida por el Arzobispo, en el atrio se reunía la gente  para divertirse con la bailada de los Monos de Calenda n que a mediados del siglo XX, eran El Cantinflas y María Félix, El Larry y la Gringa (O la Pelona) y los charritos y por la noche llegaba la esperada quema de los fuegos artificiales.


La Octava se celebraba, con gran solemnidad, iniciaba con la entrada de Banderas el sábado por la noche; a las cuatro de la mañana se realizaba el Rosario de Aurora en las principales calles del barrio; la Misa de función  le correspondía a la Tercera Orden del Carmen (Carmelo Seglar), un grupo de mujeres, que habían realizado votos de castidad y pobreza, viviendo según su estado mundano, soltería o matrimonio; ellas lucían  hábito carmelita de lana negra, con escapulario grande, toca, mantilla negra y capa. Por la noche se repetía el Rosario con la Hermandad del Santísimo Rosario  en el atrio del Templo. El día 28, se exponía la imagen para “La Pasada Bajo el Manto”, acto simbólico, de colocarse bajo la tutela y protección de la Virgen; el  día 29 estaba  dedicado  especialmente a los enfermos;  el 30  a los ancianos y, el 31 al pueblo en general. El rito iniciaba con una pequeña penitencia que era  recorrer el templo de rodillas para pasar bajo el manto.


Por la tarde  los diversos coros de la ciudad  realizaban el rezo del Rosario  entonando cantos marianos. El 31  se repetía El Alba, antes del inicio de la primera Misa, Don Poncho Calendas, Demetrio, Cantatriste y El Chendengue, seguidos por una parvada de muchitos recorría el barrio  agradeciendo a los vecinos su cooperación quemando un cohete frente a su casa y dedicándole una diana. Se les pedía su cooperación para el “Palo Ensebado, también llamado La Cucaña, que podían dar  en especie o efectivo, piñatas para los niños de la doctrina, colación o fruta y se volvía al templo hacia el mediodía. Por  la tarde, se quebraban las piñatas en el atrio, los jóvenes competían por subir al palo ensebado y llevarse los premios;  se repetía el Rosario Solemne, que previamente se había realizado los días 16 y en la Octava.


Con la Orquesta y Coro del Maestro Cheo,  Eliseo Martínez Vargas,  y “El ruiseñor de la Virgen “, que era  la Tía Licha Calvo, solteca que le cantó durante 75 años consecutivos a la Santísima Virgen, era  interpretado lo mejor del repertorio de la música sacra dedicada a la Virgen durante la misa de consumación y enseguida, la procesión con la Imagen, acompañada de las Banderas de los Templos de la ciudad y pueblos circunvecinos; originalmente esta procesión se realizaba en el atrio; durante el recorrido, niñas vestidas de Ángeles y portando una bengala gigante, declamaban una poesía a la Virgen. El Manto era cargado por la Tercera Orden, que, cubriendo las manos con finos y delicados guantes, tomaban el borde del manto. Terminada la procesión se entonaba en latín el hermoso Himno:  “Salve Regina “ …Salve Regina, Mater Misericordiae, vita dulcedo et spes nostra salve … (Salve Reina, Madre de Misericordia, Vida, dulcera y esperanza nuestra) ….


Finalmente  se interpretaba el solemnísimo y magistral “Te Deum de Calahorra. La Imagen era despojada poco a poco del resplandor, corona, cetro y  por último de su incomparable imagen del Niño Dios, envuelta en un manto era llevada con sumo respeto hacia la sacristía, entre suspiros, y ojos arrasados de lágrimas por la dicha de haber celebrado la festividad y, tal vez, por la tristeza de no poder celebrarla nuevamente en nuestro barrio amado, por haber sido requeridos hacia la Patria Celestial, donde esperamos verla en toda su belleza y esplendor¡


La tradición, es parte de la cultura viva, por lo que se encuentra sujeta a cambios y no es razón para lamentarnos por lo que dejó de ser, todo tiene su momento, y si así lo requiere; la evolución es constante;  permanecer estático y languidecer, poco a poco conduce a  morir… ¡Disfrutemos en presente, teniendo vivo el recuerdo del pasado y la mirada fija, hacia el porvenir¡