el verano

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Sol-y-vacaciones: es una fórmula tan aceptada como sol-y-cosechas abundantes. Son vínculos paradigmáticos en la mente de los seres humanos desde hace siglos. Para el hemisferio norte comienza a finales de junio mientras que para el hemisferio sur sucede a finales de diciembre. En cualquiera de los casos, es motivo de alegría y de esperanza.

 

El día más largo del año marca el inicio de la estación más placentera del mundo.
Hoy sabemos que la inclinación del eje de la Tierra en su danza anual con el sol tiene como pista de baile la franja entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio.Ambos nombres provienen de las constelaciones en las que aparentemente el sol se “aquietaba”. Al día más largo se le llama Solsticio de Verano y al más corto (que corresponde a la noche más larga) se le conoce como Solsticio de Invierno.
Dado que el hombre ha vinculado los fenómenos de la naturaleza con sus observaciones empíricas para explicarse el funcionamiento del cosmos, se dio cuenta de que el movimiento aparente de los astros respecto al horizonte terrestre coincidía con las altas y bajas de la temperatura, con los ciclos reproductivos de los animales y las plantas, con la cantidad de agua de lluvia, con el comportamiento de las mareas y de los ríos y, posteriormente, con la respuesta de la Madre Tierra ante las prácticas agrícolas. De esa forma, las deidades que correspondían a cada fragmento de elucidaciónprotocientífica, obtuvieron fechas de adoración correspondientes a cada fenómeno específico; y al mismo tiempolos procesos fueron expresados en forma de mitos en los que se encerraba, de manera alegórica, la verdad que iba siendo desentrañada paulatinamente del universo y que siglos después se explicaría mediante métodos científicos.
En prácticamente todas las culturas antiguas, los solsticios fueron altamente significativos y las festividades dedicadas a ellos fueron –y siguen siendo- de las más grandiosas en el fervor popular. Incluso el cristianismo movió la fecha del nacimiento de Jesús hacia finales de diciembre para otorgarle el valor simbólico del renacimiento y de la esperanza, en reemplazo de las fiestas solsticiales romanas o “paganas” denominadassol invictus, que correspondían, en nuestro hemisferio, al Solsticio de Invierno, que es cuando el sol brilla menos pero al mismo tiempo comienza su reforzamiento hasta vencer el invierno y alcanzar su máximo poder una vez pasada la primavera.
Por eso el verano se asocia con el sol y con el período en que las cosechas se recogen. También es unaetapa con agua abundante y con clima benévolo. El regocijo comunal ante las aguas provenientes del cielo es tan intenso como el agradecimiento por los rayos del sol, a los que se asocia con el calor, la luz y la vida. Bailar con la cara y los brazos orientados hacia el sol o hacia las nubes forma parte de un ritual a escala mundial. No hace falta que alguien nos lo enseñe, pues todos los seres vivos lo llevamos como una consigna inconsciente. Por ejemplo, los botánicos le llaman fototropismoal movimiento instintivo de las plantas en busca de la luz natural.
Sin embargo, el día en que inicia el verano también comienza la declinación del astro rey y los días comienzan a encogerse. Esa merma de luz y de calor que paulatina e inexorablemente conduce al invierno, indujo en la mente de los filósofos y de los sacerdotes antiguos la reflexión sobre el significado de tal fenómeno. Era el momento de pensar en que la luz exterior dejaba poco a poco de brillar para darle oportunidad a la luz interior, a la inteligencia humana, de acceder a una dimensión espiritual que difería de la meramente pragmática dedicada a la sobrevivencia, para crear, desde dentro, algo que las divinidades no aportaban. Era, pues, el momento de la filosofía, de la ciencia, de las artes y de la introspección mística.
A ese momento en que el sol se estaba mostrando totalmente brillante, generoso y poderoso, correspondía el arranque de los pensamientos más profundos y de los compromisos con el alma de la Madre Tierra y con las promesas hechas a los dioses. La felicidad y la abundancia material que proporcionaba el verano debía ser equilibrada con lo que el ser humano aportaría al grandioso hecho de la existencia, dado que el otoño y el invierno llegarían sin remedio y habría que estar preparado, física y anímicamente para enfrentar tal ciclo.
Los griegos bautizaron metafóricamente al verano como “la puerta de los hombres”, porque les permitía a esas criaturas abrir su mente hacia la luminosidad creativa y purificadora del fuego del Olimpo, entendida ésta como fuente de sabiduría y de salud. En contraparte, le llamaban al solsticio de invierno “la puerta de los dioses” porque entonces se vencía a la oscuridad y comenzaban a crecer los días trayendo esperanza y alimentando ilusiones. Posteriormente, la cristiandad bautizó ambas puertas con los nombres de dos Juanes: el Bautista para el verano pues se dice que nació el 24 de junio y el Evangelista, a quien se celebra el 27 de diciembre. El primero porque anunció el nacimiento de una nueva fe (la apertura de una nueva puerta) que no se basaba en el rito pagano del sol, sino en el poder del sol interior representado por Jesucristo-Dios; y el segundo porque abría la puerta al misticismo de la oscuridad (el invierno) que está por transformarse en luz natural, dadora de vida y de alegría (la primavera y el verano) representada por Jesús como dios encarnado, es decir Jesús-Hombre.
En los lugares de Europa donde los rituales celtas florecieron, aún se celebra cada inicio de verano la “Noche de San Juan”, en la que se encienden hogueras para deshacerse de todo lo inútil. Su lectura esotérica nos dice que el fuego nos libera de “lo viejo”, es decir, las cargas emocionales negativas y los sentimientos condenables. Iniciáticamente corresponde a “cruzar la puerta” y darse uno mismo la oportunidad de encontrar a su otro yo, más luminoso y virtuoso, después de liberarse de lo malo mediante el simbólico fuego purificador.
Esa noche de junio, astronómicamente la menor del año, contiene también el sentido mágico de la concentración de las fuerzas de la naturaleza. Por ello es recomendable recolectar plantas medicinales, pues se afirma que su poder curativo es acrecentado; y también lo es el inhalar el rocío de ese amanecer solsticial, lo cual no sólo es saludable sino que, según tradiciones que no permiten cuestionamientos, las mujeres que lo aspiren encontrarán a la pareja adecuada, o se curarán de algún “mal femenino” o podrán concebir hijos.Los rituales que acompañan la colecta de hierbas o la bebida de rocío, constan de cantos fijados por los antiguos usos. Incluso se acostumbra escribir intenciones en papeles o enseres que serán arrojados a la hoguera nocturna, y se caminará o bailará rodeándola en sentido contrario a las manecillas del reloj, esperando el amanecer para aspirar el vapor del rocío, sumergirse en un río o entrar al mar con la primera luz, en un final que recuerda los primitivos bautizos por inmersión.
En el mundo bizantino del siglo V d.C., aparecieron escritos atribuidos a San Dionisio Areopagita, en los que un nuevo arcángel se sumó a Miguel, Gabriel, Uriel y Rafael. Se trataba de Jofiel, cuyo nombre se traduce como “Luz de Dios”, referido a la lección que este ser angelical da a los hombres sobre el hecho de que, desde cierta perspectiva, todo es aprendizaje si uno sigue (cada quien a su manera) el camino de la ascensión hacia la sabiduría. El don de Jofiel consiste en mostrarles a los humanos que todo lo que le rodea es parte de un proceso de enseñanza para su propio perfeccionamiento, lo cual consiste en iluminar el alma para que pueda comprender el Plan Divino. En la iconografía cristiana primitiva se le muestra expulsando a Adán y Eva del Paraíso, indicándoles el camino con la espada de fuego (el atributo del sol). A Jofiel se le conoce como el arcángel de la sabiduría, la iluminación y el intelecto, y su tarea principal es resguardar el Árbol de la Vida o Árbol del Conocimiento que preside el Edén.
Para los judíos ese ente se llama Yefefiah, quien comanda 53 legiones de ángeles y supervisa la lectura de la Torá (la Biblia judía). Para ciertos sectores hebreos, este “Ángel de la Presencia” se identifica con Dina, la angelina guardiana del libro sagrado, y encargada de enseñar a los hombres las 70 lenguas posteriores a la expulsión del paraíso pero previas a la destrucción de la Torre de Babel. Se dice que Paracelso lo asoció a “la inteligencia de Júpiter” y que es regente astrológico de Libra por lo que se le llama “Ángel de Septiembre”.
En la actualidad la Fiesta del Sol más famosa y colorida es la del Inti Raymi, celebrada en la colina norte de Cusco, Perú, donde se ubica la impresionante zona arqueológica de Saqsaywaman. En sus inmensas plataformas, miles de descendientes de los incas esperan el nacimiento del sol el día del solsticio en uno de los portillos entre dos cerros sagrados o “apus”. En ese momento se da por finalizado el período de cosecha y da inicio el nuevo año agropecuario. Para esa civilización había que pedirle al sol que no siguiera “caminando” hacia el norte, pues el frío aumentaba y en los amaneceres el agua estaba escarchada. Por ello ofrecían al Dios Inti (el sol) sumisión y respeto. Hoy el Inti Raymi se ha convertido en atractivo turístico, pero para los indios hablantes del quechua, la esperanza se renueva cada 24 de junio y la celebran con bailes, canciones, banderas con el arcoíris del Tawantinsuyo (país inca), llamas (camélidos mamíferos) enjaezadas y ropa nueva.
En la vecina Bolivia, los indios aimaras conmemoran el 21 de junio el WillkaKuti o “retorno del Sol”, en la ciudadela de Tiahuanaco, a un costado del lago Titicaca que es donde surgió el sol y toda la civilización. En términos contemporáneos se le llama “Año Nuevo Andino Amazónico” y, al igual que en Europa, se celebra con enormes fogatas nocturnas.
Para los indios mapuches, autollamados “gente de la tierra”, el año nuevo se llama WeTripantu que significa “nueva salida del Sol” y se celebra entre el 21 y el 24 de junio. La dedicación consiste en reunirse en familia para velar toda la noche y esperar el amanecer mientras se ora por que el sol recupere su fuerza y la tierra comience a renacer. Al despuntar el alba, se le da la bienvenida al astro rey y se practica un baño ritual en algún río, lago o playa.
Los maoríes de Nueva Zelanda tienen, por su parte, la creencia de que el sol posee dos novias: Takarúa en invierno e Hineraumati en verano, con quienes viaja alternadamente medio año. La celebración que corresponde al verano dura entre el 20 y el 22 de junio.
Los japoneses, al igual que los incas, se dicen descendientes directos del Sol, que es una deidad femenina. En aquel país oriental,Amateratsu es la Diosa del Sol, antepasada continua de la familia imperial. En la religión sintoísta, Amateratsu significa “Diosa Gloriosa que Brilla en el Cielo”.
Como vemos, el sol domina por completo el verano y sus movimientos rigen los calendarios agrícolas y rituales de muchas culturas del mundo. Recordemos que en los pueblos mesoamericanos también se conocían los solsticios y los equinoccios, y que tanto la Piedra del Sol (o Calendario Azteca) como la gran pirámide de Teotihuacán, son evidencias del enorme respeto a los designios del principal dios de su panteón.
Las explicaciones astronómicas son fáciles de entender. Las astrológicas siempre relacionarán el día más largo del año con los ciclos agrícolas y con las temporadas vacacionales. Pero las interpretaciones simbólicas (esotéricas o exotéricas) del verano, indudablemente nos llevarán hacia la reflexión de lo que el fuego representa, en su forma de iluminación intelectual o irradiación mística.
Quizá por ello, las últimas palabras del poeta y científico Wolfgang von Goethe fueron: luz… más luz… una loa al verano intelectual del romanticismo alemán, que irradió al mundo bellas composiciones y profunda cultura.

(*) Miembro del Seminario de Cultura Mexicana
Fé de erratas:
En el número anterior omitimos una palabra altamente significativa, que cambia el sentido de la oración sobre los preceptos budistas.
Dice: 10º Al transformar la ignorancia en sabiduría, purifico mi mente. Me comprometo a buscar cualquier camino que me lleve a desarrollar ideas erróneas.
Debe decir: 10º Al transformar la ignorancia en sabiduría, purifico mi mente. Me comprometo a buscar cualquier camino que me lleve ano desarrollar ideas erróneas.


Los trópicos son paralelos o anillos ubicados a poco más de 23 grados del Ecuador, el de Cáncer al norte y el de Capricornio al Sur. Se definen como los puntos más lejanos del Ecuador en los que el sol se coloca exactamente en el cenit, o sea el límite de la franja en que el rayo de sol cae perpendicular a la superficie de la Tierra.

Solsticio proviene del latín sol sistere, que significa “sol quieto”.

El signo zodiacal Libra cubre del 23 de septiembre al 22 de octubre, es decir, el fin del verano.