Diez Preceptos Budistas

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


Los seguidores de la doctrina de Buda no predican para adquirir conversos ni se basan en un libro o un personaje que haya dado reglas fijas de conducta o de pensamiento. Aun así, manejan conceptos torales como las “cuatro nobles verdades” y los “ocho caminos para alcanzar la iluminación”, de los que en el mundo occidental han derivado los “preceptos” que se enseñan en las escuelas budistas.

 

El respeto a la vida, en todas sus formas, es la base de la ética budista.

Sin la admonición de juicios post mortem, ni mandatos impuestos por autoridades externas, los budistas despliegan su proceder individual apegado a profundas convicciones interiorizadas.
El motor de sus acciones surge, entonces, del cultivo del amor universal, que es el fundamento de su filosofía.
Para entenderlo anterior, una de las primeras lecciones nos dice que nuestro modelo de actuación debería ser como si estuviéramos constantemente en contacto con lo mejor de nosotros mismos. Esto se refiere al sentimiento de amor indiscriminado hacia todo lo creado, independiente de los juicios y prejuicios que normalmente cargamos en nuestro ego.
Poniéndonos en el papel del discípulo, el criterio budista dista mucho de ser teológico. Es más bien un asunto psicológico en el que cada individuo define lo que es el modo correcto y el modo incorrecto de ejecutar las acciones.
Para ayudar en dichas cavilaciones, los maestros explican que todo lo que uno realiza, es decir, las “acciones”, se pueden dividir fácilmente en dos clasificaciones: las torpes y las diestras.
Las torpes son las que surgen de la avaricia, de los deseos egoístas, del odio, de la aversión al prójimo, de la confusión mental o de la ignorancia.
Las diestras, dado que representan el otro lado de la medalla, tienen su génesis en la claridad mental, en la amabilidad, la generosidad, la comprensión y el amor universal. Como ya se señaló anteriormente, nos permiten actuar desde lo mejor que hay en nosotros mismos, sin necesidad de señalizaciones externas. Son decisiones propias en las que uno decide qué tan “diestro” o qué tan “torpe” quiere actuar y, de ser posible, valorar previamente las consecuencias.
Las “acciones” desde el punto de vista budista pueden ser del cuerpo, del habla o de la mente, por lo que abarcan desde actos hasta sentimientos y pensamientos.
Un maestro, entonces, podría iniciarnos estableciendo una cuestión: ¿por qué esas tres personas se abstuvieron de robar? 1) Por temor a la policía; 2) por la capacidad para vencer una tentación, o; 3) por haber eliminado el deseo. En los tres casos dejó de cometerse un ilícito, pero la motivación personal fue diferente.
Una vez comprendido lo anterior, el Maestro nos daría algunos lineamientos generales para ayudarnos a actuar correctamente, según la proporción de operaciones diestras o torpes que consumemos, a los que llamaría “preceptos”, no sin antes insistir en que tales líneas de acción serían sólo puntos de referencia y de ninguna manera normas impuestas so pena o castigo.
Ya interpretado el alcance de la palabra “precepto”, el educador pasaría a enumerar cada uno de ellos, los cuales habría que redactar y repetir en primera persona, es decir, en la forma de “yo purifico mi cuerpo” o “yo me comprometo”, dado que deben surgir de uno mismo después de auto convencerse, en lugar de sólo atender los ordenamientos externos del tipo “no robarás” o “no mates”.

 

Preceptos budistas

1º Con acciones bondadosas, purifico mi cuerpo. Me comprometo a no tomar la vida de nadie.
2º Con generosidad sin límite, purifico mi cuerpo. Me comprometo a no tomar lo que no me pertenece.
3º Con tranquilidad, sencillez y contento, purifico mi cuerpo. Me comprometo a no tener una conducta sexual dañina.
4º Con comunicación veraz, purifico mi habla. Me comprometo a no decir mentiras.
5º Con conciencia clara y lúcida, purifico mi mente. Me comprometo a no consumir intoxicantes.
6º Con palabras amables y agradables, purifico mi habla. Me comprometo a seguir la senda que consiste en abstenerme de hablar con rudeza.
7º Con palabras de aliento y armoniosas, purifico mi habla. Me comprometo a seguir una senda en la que me abstenga de hablar banalidades… O bien: me comprometo a inhibir cualquier forma de difamación de mi parte.
8º Al abandonar la avaricia por la tranquilidad, purifico mi mente. Me comprometo a seguir la senda que me aparte de la codicia.
9º Al cambiar el odio por la compasión, purifico mi mente. Me comprometo a seguir la senda que consiste en abstenerme de odiar.
10º Al transformar la ignorancia en sabiduría, purifico mi mente. Me comprometo a buscar cualquier camino que me lleve a desarrollar ideas erróneas.

Estos preceptos son prácticamente universales ya que forman parte de la instrucción de todas las escuelas de filosofía moral y de todas las religiones, pues constituyen el fundamento de las correctas relaciones entre seres vivos e inteligentes.

Como puede uno darse cuenta, la primera parte de cada renglón es el precepto puro, mientras que en la segunda viene el compromiso personal, el cual varía dependiendo de cada quien. Por ejemplo, en el primer precepto uno podría decir (o escribir, o pensar): “me comprometo a seguir una senda en la que me abstenga de matar seres vivos”… en lugar de “no tomar la vida de nadie”, o cualquier otra variable que incluya descripciones sutiles que abarquen el alma o ciertos tipos de vida animal o vegetal.
Es conveniente mencionar que en el centro del pensamiento budista se encuentra el “noble camino óctuple” que agrupa la suma de ocho prescripciones para liberar el alma de la rueda del sufrimiento terrestre,constituido por las interminables reencarnaciones que todo ser vivo experimenta antes de alcanzar la iluminación.
Los maestros indican a sus discípulos que para encontrar el camino que conduce a la supresión del sufrimiento, es decir, hacia el Despertar o la Iluminación, se deben aplicar correctamente: la comprensión, el pensamiento, la palabra, las acciones, la ocupación, los esfuerzos, la atención y la concentración.Este “Óctuple Noble Sendero”, en su conjunto, constituye la cuarta de las “Cuatro Nobles Verdades”, las cuales son:

  1. Toda existencia contiene sufrimiento.
  2. El origen del sufrimiento es el anhelo o el deseo (las pasiones y posesiones principalmente).
  3. El sufrimiento puede superarse, extinguiendo la causa, es decir, el deseo.
  4. La cuarta verdad es el camino para vencer el deseo, es decir, el cumplimiento del óctuple sendero.

 

Aún los pensadores occidentalesque no están habituados al modelo de enseñanza metafórica y profunda de los orientales, encuentran en las enseñanzas del budismo similitudes con los modelos ejemplares surgidos del cristianismo y del judaísmo, ya que nacen del mismo principio que pretende evitar el sufrimiento humano, coronando su cúspide, la compasión, por lo que una forma de llegar a la más completa compasión-aquella que hermana a Jesucristo con Buda-, es seguir el decálogo que se enunció al principio.

Las escuelas budistas se esmeran en poner a disposición de los interesados sus verdades, sea mediante cursos, charlas, publicaciones o páginas web. Pero no hacen proselitismo, pues en esa filosofía seconstruye la personalidad después de lograr un convencimiento personal que, en lo posible, permanezca ajeno a influencias dogmáticas ya fórmulas preconcebidas.
Así, el camino correcto en el sentido budista, relaciona preceptos que son fáciles de recitar y sencillos de entender, con los alcances más trascendentes de la vida.

 

(*) Miembro del Seminario de Cultura Mexicana.