5 temas de oaxaca desde el punto de vista de la arquitectura

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


1. TRAZO DEL EXCONVENTO DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Les propongo que entendamos estas piedras así: España quería alejarse de los cánones del gótico tardío, orientándose hacia el clasicismo romano, bajo la sensibilidad de Felipe II y del Arquitecto de la Corte, Juan de Herrera. Ambos difundieron a través de sus obras, un lenguaje arquitectónico que contenía profundo simbolismo político y religioso, y que, a pesar de las peculiaridades regionales, proporcionaba unidad al vasto imperio y hacía más fácil la asimilación de la doctrina cristiana, y muy especialmente la católica, habida cuenta de que era necesario impulsar una contra-reforma que detuviera el movimiento de Martín Lutero.
La erección del monasterio de El Escorial a partir de 1563, abrió las puertas de España -y como consecuencia a sus colonias-, al estilo Renacimiento, que había emergido un siglo antes en Italia, en el que dominaba la racionalidad constructiva, la composición “a la romana” de las fachadas, la eliminación de detalles superfluos, la solemnidad del conjunto y la monumentalidad de los interiores.
Así, el símbolo estaba creado: el diseño ortogonal y severo fusionaba el alcázar español con el hospital francés, y señalaba el comienzo del absolutismo, que representaba el poder supremo del Rey sobre la Tierra responsable sólo ante Dios, e incorporaba las instituciones religiosas, científicas y administrativas en una especie de microcosmos, en cuya retícula convivía tanto la alegoría del Templo de Salomón como la autarquía administrativa de la corona española.
Esta interpretación metafórica fue, desde un principio, el proyecto de Felipe II. No hay duda que él, aficionado a la arquitectura y a las ciencias, inauguraba una nueva era de gloria, émula de la Roma Imperial, que se despojaba de las tradiciones medievales y representaba, en sus edificios, la posición de España como potencia mundial.
Y en este edificio, desproporcionado para su época, lo confirma: escuchen lo que escribió el Obispo Bartolomé Ledezma, en su informe de 1597 al Rey de España: “no di parte a Vuestra Majestad del exceso de esta obra luego que llegué a este obispado por ver que lo más de él estaba hecho, que no dejó de darme en rostro, las demasía con que se edifica”. (124)

 

2. LOS CAPITELES CORINTIOS

Los capiteles corintios parecen campanas invertidas o canastos rebosantes de hojas de acanto, de donde emergen cuatro espirales conocidas como “volutas”, una hacia cada esquina. El acanto es lo que le da su sello particular, pues viene a ser una evolución del anterior estilo “jónico”, en el que había volutas, pero sin vegetales de ninguna índole.
Es un misterio el por qué el acanto quedó inmortalizado en el estilo más elegante del mundo clásico, pero la leyenda cuenta que Calímaco, al pasar junto a la tumba de una doncella que había sido muy bella, vio una ofrenda consistente en una canastilla con unos acantos enroscados y seguramente en floración, lo que le inspiró a crear un “orden” naturalista, que venía a contrastar con la severidad del estilo dórico y la geometricidad del jónico.
De ser así, lo que un capitel corintio representa, es el primor de una joven anónima o, en su caso, la belleza idealizada de su memoria, tomando como pretexto a una modesta planta silvestre, que no está relacionada con la realeza ni con las divinidades.
Desde lejanas épocas, se sabe que esta una hierba medicinal.
Las hojas tienen funciones para laxar y para estimular el apetito, según sea la receta. Si le se le prepara como cataplasma sirve como antiinflamatorio de algunos órganos internos. El mucílago de sus raíces tiene propiedades astringentes, por lo que se le utiliza contra la disentería y la diarrea. Su jugo tiene fama de ser analgésico y recomendarse para tratar herpes, quemaduras y golpes.
Para los griegos clásicos, el acanto era un símbolo de la inmortalidad, y así fue aplicado hasta muy entrada la Edad Media, en sus templos de estilo “románico”, entre los siglo IX y XI.
Para el cristianismo, las pequeñas espinas de esta planta se vinculan con la maldición bíblica que condena al hombre a sufrir por los pecados cometidos y para hacerle consciente de tal situación.

 

3. LOS ARCOS CONOPIALES Y POLILOBULADOS

El siglo XVI es la época en que llega a Oaxaca la moda de construir con detalles tardo-góticos, como el arco conopial, el cual también se ha aplicado, tanto a la arquitectura civil como a la religiosa, con los arcos de influencia árabe, conocidos como trilobulados, o con los que se generan a partir de dos círculos, del estilo tudor.
Técnicamente el CONOPIAL se le define como “arco un poco apuntado (con punta) que muestra una escotadura hacia arriba en su vértice o clave”. Se le traza mediante dos cuartos de círculo en sus arranques -cóncavos- y cierra al centro con dos cuartos de círculo convexos, los cuales forman el “piquito”.
Se le llama apuntada a aquella que tiene elementos ornamentales y estructurales que apuntan hacia arriba. Son como “puntas” que señalan hacia el cielo.
Además, siendo tanto los pueblos mesoamericanos como los europeos muy religiosos, buscaron apuntar al cielo para dirigir sus plegarias en forma permanente a través de sus construcciones. En sitios tan espectaculares como el convento de Santo Domingo, encontramos discretos “picos” conopiales en los nichos del deambulatorio del claustro principal, manufacturados en cantera verde, y adornados con pintura floral al fresco. También en la fachada poniente del templo de Guadalupe, el nicho que remata la imagen de la Virgen muestra un arquito conopial.
En arquitectura puede definirse arco polilobulado como el tipo de arco que está formado por una sucesión de lóbulos; entendiendo por lóbulo, según el Diccionario de la Real Academia Española cada una de las partes, a manera de ondas, que sobresalen en el borde de una cosa; como en la hoja de una planta o en el intradós de un arco.
Característico de la arquitectura islámica, en Sevilla y su provincia existen magníficos ejemplos de este tipo de arco, especialmente en varios de los salones de los Reales Alcázares de la capital.
Asimismo, el arco polilobulado fue posteriormente utilizado repetidamente a principios del siglo XX en el período de la arquitectura historicista que tantas obras de estilo neomudéjar.

 

4. EL ESTÍPITE

Un estípite, palabra proveniente del latín stipes (una estaca, palo hincado en tierra),1 es una columna o pilastra troncopiramidal invertida que a veces tiene funciones de soporte y también antropomorfa. Es frecuente verlos superpuestos unos a otros. Su origen está en las columnas micénicas de éntasis invertido.
En la última etapa del barroco, avanzado el siglo XVIII, muchos de los elementos clásicos acaban por perder sus líneas sencillas y se vuelven cada vez más complejos, dando lugar a una estética de formas abigarradas y decoración exuberante.
Uno de los campos en donde estos cambios se hacen más evidentes es la retablística, una de las artes en la talla de la madera que conoció un enorme auge e importantes innovaciones. Entre esas innovaciones está la columna comúnmente conocida como estípite, caracterizada por que su fuste (cuerpo central, vertical), está constituido por distintas formas geométricas superpuestas.
En la Nueva España, el arquitecro Felipe de Ureña fue famoso por la utilización de este elemento. El más representativo se encuentra en la fachada del Sagrario Metropolitano de la Ciudad de México.
En Oaxaca contamos con bellos ejemplos:

  • La portada del templo de San Francisco
  • El retablo de San Felipe Neri

 

5. EL PATIO

Desarrolladas en el siglo XVI, las viviendas coloniales fueron parte del desarrollo de las primeras urbes de las colonias españolas y portuguesas en Latinoamérica.
Las características, formales y funcionales de las mismas, nacen (al igual que la mayoría de la arquitectura colonial española) de la fusión entre la obvia impronta arquitectónica traída por los colonizadores y el nuevo contextualismo encontrado en la región, que, con la mano de obra, los materiales, las técnicas y artistas locales crean una arquitectura con tradiciones e identidad propia. La vivienda tradicional de la ciudad se inspiró en el modelo español. Eran casas que ocupaban una manzana completa y estaban construidas en torno a tres patios centrales, que eran el centro de las actividades familiares.
Las viviendas coloniales las podemos dividir según la localización en la que se encuentren. De este modo podemos distinguir dos primeros grandes grupos: las de la colonia española y las de la colonia portuguesa.
El patio andaluz puede considerarse un ejemplo más de espacio común en la arquitectura popular de toda la cuenca del Mediterráneo. En Andalucía,1 la fusión arquitectónica del mundo romano y musulmán han generado a través de los siglos una cultura particular de los patios que en muchas localidades se manifiesta cada primavera con fiestas y concursos para incentivar su cuidado y decoración. Son especialmente celebrados el concurso de patios en Córdoba y las fiestas de La Cruz de mayo, en Sevilla.

En estos patios se utilizan todo tipo de decoración, pero lo más significativo son las plantas que se colocan alrededor de este y por todas sus paredes, creando un entorno que evoque al jardín idílico. El inicio de la colocación de todo este número de plantas se debía a un carácter religioso, de hacer ofrendas a los dioses o de homenaje a los fallecidos. Cada persona elegía la planta que para él representaba la ofrenda y la colocaba en un lugar del patio. De esta manera se fue creando un enjambre de preciosas flores y plantas que adornaban el patio. También, estas, se colocaban para tapar los desperfectos que con el tiempo se iban produciendo en las paredes o zonas del patio, así se fueron cubriendo todos los huecos libres en las paredes. Para ellos el arte de paisaje era el arte de engañar al ojo, trasladar la naturaleza al interior de las casas y hacer que el habitante se evadiese de la vida en las ciudades envolviéndolos en un entorno de paz y tranquilidad.