bodas, dotes y arreglos familiares

Por: Prometeo Alejandro Sánchez Islas


En India aún se mantiene la vieja costumbre de negociar, entre los mayores de cada familia, las bodas de sus vástagos. No es un sistema perfecto pero en aquel país tiene múltiples ventajas, aunque en el lado occidental del mundo sea visto con recelo y hasta con desprecio.

 

El amor, dicen, es la base del matrimonio… ¡o debería serlo!
Las historias románticas perfectas, en las que jóvenes sanos, de diferente sexo, en alguna posible edad “ideal”, se conocen bajo circunstancias favorables y, a pesar de posibles diferencias económicas, sociales, religiosas y políticas de sus respectivas familias, mantienen un noviazgo dulce, programan una boda inolvidable, se establecen sólidamente en su ámbito social y de trabajo, procrean hermosos hijos y viven para ser abuelos satisfechos que ofrecen juegos y consejos a sus nietos y tataranietos, día a día parece que viven sólo en las películas, las novelas y las idealizaciones a que obliga el “guardar las formas”.
Los divorcios al alza, los hijos abandonados, los noviazgos rotos (con y sin hijos), los cambios de preferencia sexual, los matrimonios por interés, la preeminencia del sexo sobre el amor, la incomprensión familiar hacia nueras y yernos, o hacia suegros y suegras, y un sin fin de calamidades en el interior de las familias, en ocasiones hacen dudar sobre el modelo familiar que se debe impulsar para que la sociedad –y la civilización completa-, sea consistente, viable, feliz y duradera.
Pues bien, en India y países al sur de Asia, el matrimonio es de las instituciones que se toman más en serio, pues, por ser la base de la sociedad, requiere, desde tiempos inmemoriales, que los familiares y las autoridades participen en la emisión y aplicación de reglas que proporcionen felicidad a todos los involucrados, así como la duración eterna del lazo conyugal.
Las bodas allá son muy fastuosas, siempre al límite de lo que familia puede gastar. Se preparan con mucha antelación y, llegado el día, las emociones son altas pues se conjuntan todos los factores que participaron en la gestación de esa nueva vida, que resulta en la unión indisoluble de dos vidas y en la absorción de la pareja por la familia del novio, para ampliar y consolidar un modelo conocido como “familia extendida” o “familia compleja”.
Para operar dichos matrimonios –llamados “arreglados”-, intervienen, entre otros componentes, el nivel económico, la casta, la religión, el lenguaje, los hábitos alimenticios y el horóscopo. Generalmente participan en el “arreglo”, además de los padres, otros parientes, los amigos cercanos, los vecinos, los geneálogos, los sacerdotes y los astrólogos.
La razón de fondo está en crear condiciones de éxito para la nueva pareja, teniendo en cuenta todas las circunstancias terrenas, astrales y divinas, de modo que durante el resto de su existencia vivan satisfechos, cobijados por la estructura familiar que habita bajo una misma unidad doméstica (el hogar extenso), con hijos a prueba de horfandad, y con garantía de satisfactores materiales adecuados, lo que en términos de clase media y baja significa la seguridad de contar con cocina, servicios de aseo y una posible actividad productiva del linaje.
Las negociaciones para que dos personas se casen suelen durar de varios meses a varios años.
Lo anterior no quiere decir que los chicos y las chicas no se conozcan previamente, sino que la formalización de la pareja sólo se realizará cuando se hayan cumplido todos los complicados acuerdos entre familias. De no haber “arreglo”, la relación quedará en el ámbito de la amistad o de los corazones rotos. Pero de encontrarse las respuestas a todos los requerimientos tangibles e intangibles, las posibilidades de éxito son muy altas, lo que se refleja en la menor tasa de divorcios del mundo: sólo 1.1%.
La ley india de 1949, inspirada en conceptos occidentales y republicanos, dice que es ilegal discriminar por cuestiones de religión, raza o casta, pero la realidad es muy distinta. A pesar de que en los ámbitos urbanos hay más influencia de películas, libros y costumbres extranjeras, en las mismas ciudades y en todo el medio rural (que acoge a las tres cuartas partes de la población), el sistema de castas impera y es respetado por todos, independientemente de su estatus económico o académico.
Es por ello que aún cuando un joven, hombre o mujer, esté estudiando o trabajando en el extranjero en una organización transnacional y posea bienes materiales fuera de India, generalmente acepta los arreglos matrimoniales que su familia haya hecho, y regresa a su país a cumplirlos, o los consuma en su nueva patria. No es por lo tanto un asunto de dinero o de ilustración intelectual, sino de una cultura ancestral en la que sus valores son profundamente convincentes para sus miembros.
En el ámbito de los campesinos los amigos-novios tienen pocas posibilidades de ser felices si sus familias no arreglan la unión. El mayor obstáculo está en la casta, que no debe confundirse con el nivel socioeconómico. La casta viene de nacimiento y cada una posee ciertas características, interpretadas a partir de textos sagrados, que la hace incompatible con otras. Hay cuatro castas e infinidad de sub-castas y casi ningún padre quiere que su hijo o hija haga vida marital y procree con otra persona “inferior”.
Otro asunto de vital importancia es la dote, que es parte de la herencia que la hija recibe de sus padres. En tiempos antiguos se trataba de proporcionar a la joven los elementos materiales y económicos suficientes para iniciar una nueva vida al lado de su esposo, de modo que tuviese algún grado de independencia de sus suegros, ya que invariablemente se trasladaría a vivir ahí el resto de su vida.
Con el paso de los tiempos la dote fue volviéndose un mecanismo de abuso, cada vez más abyecto, por lo que la constitución republicada la abolió. Sin embargo, es una costumbre inveterada que está más viva que nunca y que en algunos medios equivale a fijar “el valor” del chico, generalmente muy alto para sus parientes y muy angustioso para los padres de la novia, que son quienes la proporcionarán, ya sea en bienes o en moneda corriente.
La escasa dote ha traído también injusticias de parte de la familia a la cual se suma, pues otros miembros que viven en esa familia extensa llegan a molestarla si consideran que “aportó poco”, independientemente del arreglo, y llegan a la violencia más grave. Ante ese panorama, hoy trabajan en India organizaciones que intentan proteger a la mujer de tales sinrazones, pues además de ser ilegal tanto la dote como la violencia, es inmoral e inhumana, más allá de añejos usos y costumbres.
Las bodas son realizadas siempre por un sacerdote Brahaman (hombres de la casta más alta), quien fija el día y la hora de la boda después de consultar las posiciones de los planetas, de modo que se encuentre el momento más auspicioso para ambos novios.
Las invitaciones siempre tienen al Dios Ganesha (hombre con cabeza de elefante que atrae la buena suerte y que es la divinidad de “los comienzos”), y son más apreciadas si están totalmente escritas a mano y entregadas también de mano a mano.
Las ceremonias duran muchas horas y son muy alegres. Hay música en vivo durante los recorridos, las ceremonias y el baile posterior; también fuegos artificiales, guirnaldas de flores, lienzos de tela que cubren paredes, entradas y árboles, adornos sobre las mesas y esculturas de hielo o de flores. La procesión del novio es espectacular, con él vestido como príncipe montando un corcel blanco enjaezado y rodeado de músicos y parientes que cantan durante todo el trayecto desde su casa a la casa de sus suegros.
Las novias indias son de lo más hermoso que hay en el planeta. Sus ”saris” o “lehngas”, que son vestidos tradicionales vaporosos, se adornan con hilos de oro, pedrería fina y dominan en ellos los colores rojo y dorado. Se decoran las manos con bellos diseños geométricos y florales de una pintura natural llamada “henna”; son maquilladas muy cuidadosamente resaltando sus facciones más atractivas y se les cubre de joyas, especialmente de oro, tantas como la familia pueda costear. Por cierto, dichas joyas son parte de la dote.
La ceremonia es compleja. Se realiza en la hora prefijada y cubre rituales de luz, agua, flores, lectura de votos, bendiciones de los parientes, vueltas alrededor del fuego, recitación de versos védicos y cantos acompañados de lanzamiento de pétalos. La fiesta posterior tiene de todo: canto, baile, bromas y toda clase de manifestaciones que atraigan la alegría.
Al final la familia del novio se lleva a la novia al que será su hogar en un carruaje con adornos dorados llamado “doli”. En casa les han preparado una cama decorada con pétalos de rosas y jazmines, y les han puesto vasos de leche (néctar de las vacas sagradas) y afrodisiacos. La noche nupcial se llama “suhaag” y todos contribuyen a que sea íntima e inolvidable, así como el preludio propicio de la gestación de nuevos hijos.
Entre los temas menos conocidos en occidente sobre los matrimonios arreglados, se encuentran los anuncios en los periódicos dominicales, publicados bajo el epíteto de “noticias que usted puede utilizar”. Hay dos secciones: “se requieren novias” y “se requieren novios”. Se organizan por religión, casta, subcasta, profesión y condición de su nacionalidad. Ofrecen datos de quién solicita, así como de lo que espera de su posible futura pareja.
En un mundo globalizado, estos mensajes también circulan en las redes sociales y en sitios web especializados. Ahora es más fácil conocer más sobre otras personas, gracias a las tramas de información, y también es más transparente la elección al utilizar los medios masivos.
Pero de que las castas, las dotes y la negociación entre familias, existen para arreglar un matrimonio hindú moderno, no nos queda la menor duda.
En aquel mundo constituyen sellos de calidad y duración.

 

(*) Miembro del Seminario de Cultura Mexicana.