agua pasa por mi casa

Por: Salvador Sigüenza Orozco


El pasado 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua, para llamar la atención de la población sobre la importancia de su uso; cifras de la onu señalan que 900 millones de personas carecen de acceso a la misma. Una de las formas de aprovechamiento del agua es la construcción de depósitos para su conservación y aprovechamiento, de hecho muchos de ellos, como las presas, se han construido con fines de riego, generación de energía eléctrica y para evitar inundaciones.
En México existen cerca de cuatro mil presas, de acuerdo con la Comisión Internacional de Grandes Presas sólo cerca de setecientas son grandes presas, lo anterior significa que tienen una profundidad mayor a quince metros y/o capacidad de almacenamiento mayor a tres millones de metros cúbicos. A partir de este criterio, las diez presas más grandes del país son: La Angostura, Malpaso y Chicoasén (Chiapas); Temascal y Cerro de Oro (Oaxaca); Infiernillo (Michoacán), La Amistad (frontera Coahuila-eeuu), Aguamilpa (Nayarit), Falcon (límites Tamaulipas-eeuu) y El Palmito (Durango).
En Oaxaca las dos presas citadas son las más importantes pero no las únicas, existen otras más, muchas de ellas pequeñas, que se fueron construyendo a lo largo del siglo veinte para aprovechar el agua en sistemas de riego. Algunas de ellas son la de Yosocuta próxima a Huajuapan de León, El Estudiante y La Azucena cerca de la ciudad de Oaxaca, o la Benito Juárez en Jalapa del Marqués; recientemente se ha planteado la construcción de Paso de la Reina y un proyecto hidroeléctrico en la Costa y de Paso Ancho, para dotar de agua a la ciudad de Oaxaca y municipios conurbados. Pero las presas más grandes son las señaladas líneas atrás, ambas en el distrito de Tuxtepec: Miguel Alemán o Temascal y Miguel de la Madrid o Cerro de Oro; la historia de su construcción tiene tintes de dramatismo y de progreso, me referiré a la primera.
En septiembre de 1944 intensas lluvias provocaron que la ciudad de Tuxtepec y otras comunidades ribereñas se inundaran y fueran destruidas; el agua alcanzó de cuatro a nueve metros en las partes más bajas de la ciudad. Una de las medidas para prevenir futuras inundaciones fue crear la Comisión del Papaloapan (codelpa) y construir la presa Temascal, con una superficie aproximada de 500 kms2, a fin de regular las aguas del río Tonto mediante la inundación de una superficie de bosques y de las mejores tierras agrícolas y para pastoreo. Las tierras a inundar pertenecían a los municipios de San Miguel Soyaltepec, San José Independencia y San Pedro Ixcatlán.
Entre los indígenas mazatecos de la región había incredulidad y escepticismo, muchos consideraban difícil que el poder humano pudiera contener con una pared la fuerza del río Tonto; en Antropología de una presa Mc Mahon apuntó:
Algunos creían que los brujos podían hacer desaparecer la amenaza de la presa recurriendo a la intervención de lo sobrenatural. Cuando fracasó la magia para que se estropearan las máquinas y la propia base de la presa, los brujos dijeron que la presa, una entidad personal, ya había tomado 200 vidas en accidentes y en consecuencia era indestructible. En 1969 las lluvias realmente amenazaron con llevarse la prueba real del poder de la Comisión y de sus técnicas. Sin embargo, hay algunos que siguen siendo escépticos y dicen que en realidad la presa todavía no ha sido puesta a prueba. Esta actitud se refleja en una joven de Tuxtepec, al decir: ‘La presa es grande, pero mayores son las lluvias y cuando se lleven la presa se acabó Tuxtepec’.

En la época de mayor actividad de la obra llegaron a trabajar cuatro mil personas laborando las veinticuatro horas, en actividades complejas y variadas; los trabajos duraron de 1949 a 1955. El surgimiento de la presa provocó el crecimiento de Temascal, donde se estableció un Centro del ini (1954) que coordinó servicios médicos y educativos, buscó mejoras en el transporte y el comercio, impulsó establecer el servicio de agua potable. Hubo brigadas para la enseñanza de prácticas higiénicas. Antes de 1955 el paludismo y el mal de pinto eran las enfermedades que más afectaban a los pobladores de la región, a partir de 1960 las brigadas de la Campaña Nacional para la Erradicación del Paludismo (cnep) dedetizaron las casas y comunidades ubicadas a orillas de la presa, lo que contribuyó a su descenso; una campaña semejante se implantó para controlar y eliminar el mal de pinto. En la primavera de 1968 hubo un brote de paludismo en las orillas de la presa, la cnep nuevamente fumigó.
La obra implicó la reubicación de alrededor de 22 mil indígenas, la mayoría mazatecos. La codelpa tenía una Sección de Antropología, que contaba con brigadas de maestros, médicos y trabajadores sociales para ayudar a los futuros desplazados enseñándoles el español y, como actividad principal, prepararlos para el traslado. En la salida y el traslado de la gente se presentaron muchas dificultades ya que un gran número de los habitantes se oponían a abandonar sus pueblos; al iniciarse la inundación los campesinos y sus familias salieron precipitadamente y se encontraron, en varios casos, con que la Comisión no había adquirido tierras suficientes para instalarlos. Se recurrió entonces a la ampliación de los centros de población ya ubicados, lo que provocó más población y menos superficie de cultivo disponible.
Las acciones de la codelpa provocaron el surgimiento de diferentes valores y puntos de vista en los nacientes poblados, propiciados por las misiones y brigadas (médicas, culturales deportivas). Los mazatecos copiaron el modo de vestir mestizo, el régimen alimenticio se modificó al ser más variado y con más proteínas, en los nuevos pueblos se prohibió la venta de bebidas alcohólicas. Todo el tiempo hubo gente yendo y viniendo del vaso de la presa, en su mayoría mujeres. Los programas de colonización y reacomodo programados por la codelpa resultaron, en muchos casos, marginales; las condiciones de los nuevos asentamientos provocaron desgaste físico y emocional entre la población. Eran conocidos los maltratos de la policía de la Secretaría de Recursos Hidráulicos a los movilizados, lo que generó situaciones de fuerza y tensión. La mayoría de la población abandonó el vaso cuando el agua llegó a sus aldeas, el reacomodo duró de 1953 a 1959; el desplazamiento de la población tuvo violencia y dramatismo, en Los mazatecos y el problema indígena de la cuenca del Papaloapan, Villa lo describe:
Para mover a esta gente precisa antes vencer su arraigo profundo al medio, así como sus graves temores de romper con el pasado para iniciar otra vida de perspectivas inciertas. Conseguida la anuencia de una o más familias, se procede a su traslado, llevando a lomo de mula, por estrechos vericuetos, sus enseres y animales: de este modo se llega hasta un punto cualquiera del río Tonto, lugar en el que se les embarca en lanchas de 15 a 20 toneladas para seguir el viaje rumbo a Temazcal. A partir de aquí, se emplean camiones de carga para hacer la etapa final del viaje. El momento más dramático de todo este proceso, es cuando la mujer, que es la última en salir, cierra la choza y asegura las puertas con un cordel o simple bejuco para evitar que entren animales y la deterioren; su esperanza de que todo sea una pesadilla y que pueda volver más adelante, se conserva todavía latente. En muchos casos hay llanto cuando se alejan del sitio donde pasaron toda su existencia y donde cada detalle o accidente del terreno está unido a la biografía de la familia.

La población desplazada fue indemnizada en efectivo y con terrenos en otras zonas, mediante una colonización dirigida que les ofrecía tierra, casa y un solar urbano; aunque la codelpa no siempre contó con los recursos suficientes para ello y la instalación de la gente no se realizó como estaba planeado.