Traiganme todas las manos

Por: Ma. Concepción Villalobos López


La Muralla es el nombre de un poema suave y rítmico  del cubano Nicolás Guillén. Tun Tun ¿Quién es? Una rosa y un clavel… Abre la muralla. 
Y qué lindo es cuando el verso vuela para inspirar, qué bello es verlo convertirse en realidad para ir más allá de la voz y el pensamiento; qué orgullo dar testimonio de lo que sucede cuando se juntan todas las manos, cuando la muralla se observa por el horizonte y se vuelve el paisaje propio y llega a nuestro barrio y alegra a su  gente que sale a conocerse, que se une con ilusión, que ofrece su esfuerzo, que se afana para  vivir en un lugar mejor.
Hace unas semanas, Acontragolpe dio cuenta de un grupo ciudadano que con entusiasmo realizó una jornada de Tequio por la Calzada Porfirio Díaz, una de las más importantes arterias del norte de nuestra ciudad cuya construcción nos remonta a los últimos años del siglo XIX  y que en la añoranza de muchas personas, aún persiste por su trazo versallesco, por el fresco de sus árboles  y por la belleza de sus construcciones, motivos suficientes para  respetarla y conservarla como un espacio histórico de esta ciudad, como el lugar de nuestros recuerdos personales,  amén de las adecuaciones de los últimos años que con aciertos y errores, buscaron dignificar y embellecer  esta vía en la que diariamente coinciden habitantes de la zona,  transeúntes, trabajadores y en general, personas que disfrutan de su pujante vocación comercial que la convierten en un espacio obligado de encuentro social y de negocios.
Así es que,  convocadas por la Asociación Civil   Se Vive la Calzada, las manos se unieron, habitantes, comerciantes y autoridades municipales estuvieron presentes y el trabajo dio resultados, pues esta histórica vía recibió el mes de diciembre adornada con el rojo de  las flores Noche Buena donadas y plantadas por los propios vecinos;  lució una cara limpia, libre de anuncios pegados en el mobiliario urbano; amaneció fresca, recién barrida y alegre, muy alegre, con el eco de las voces de hombres y mujeres yendo y viniendo, con sombreros para amortiguar el sol, con palas, tijeras, escobas, mangueras y otras herramientas para cumplir con el sueño común de coexistir en un lugar hermoso, limpio y ordenado que a partir de esa jornada, espera las tardes con las luces navideñas, por cierto donadas por establecimientos y negocios,  encendidas para ilusión de sus visitantes, listas incluso, para la foto del recuerdo.
Hay Miradas que valen la pena y el trabajo comunitario por el cuidado de la Calzada Porfirio Díaz, es una de ellas;  pues  el camino recorrido por esta asociación civil, da muestra de que en la ciudadanía organizada está la fuerza indiscutible para hacer los cambios, para sensibilizar a todos los niveles de gobierno; para educar, para escribir la historia de una generación de gente que creyó que Oaxaca, seguía siendo el lugar más hermoso para habitar, a pesar del alacrán y el ciempiés; a pesar del veneno y el puñal; a pesar del diente de la serpiente; a pesar de los ojos incrédulos; a pesar de quienes actúan con dolo para ensuciar y destruir; a pesar de la apatía y  el egoísmo, pues son los ejércitos ciudadanos los que paso a paso, con paciencia y día a día, construyen los deseados cambios que se gestan en la esencia de una sociedad.

Beatriz, Enrique, Patricia, Salvador, Orzaly,  Víctor, Marianay muchos otros nombres quedan inscritos en esta historia que inspira, en esta mirada que vale la pena.