Rebeliones indígenas en México

Por: José Demetrio Quiróz Alcántara


El siglo XIX fue extraordinario, se gestaron grandes movimientos sociales y culturales de gran trascendencia en Europa y América latina.  Uno de ellos,  el surgimiento del Romanticismo en Alemania como una reacción al frío Racionalismo, la Ilustración y el Clasicismo; una exaltación de los sentimientos, las ansias de la libertad, un pronunciamiento a lo  tradicional en que se fundamentan las escuelas locales de pintura, literatura y música, dando lugar al Costumbrismo, movimiento que trasciende a los territorios de América donde nutre las ansias libertarias a partir del siglo XVI.

Consumada la Independencia de los territorios de ultramar,  la  visión Romántica de la Historia se fortalece dando por válidas las versiones hispanas y  mestizas de los hecho;  omitiendo una serie de acontecimientos que plantean una realidad distinta a la  de aquella época y que fue magistralmente analizada  desde la  óptica de los pueblos vencidos, gracias al trabajo de   Miguel León Portilla, antropólogo, historiador y nahuatlato (hablante de náhuatl) y Ángel María Garibay; en “La Visión de los Vencidos” León Portilla expone  la parte no oficial de la historia, la forma en que los perdedores y oprimidos, narran sus experiencias, en contraposición a los textos oficiales de los Cronistas Hispanos y Novohispanos, o de indígenas supervisados y censurados por los conquistadores en la que los indígenas se entregan casi sin oponer resistencia, reconociendo la fortaleza hispana (Avalada por su Dios) y, la pacífica existencia de las comunidades nativas durante el periodo del Virreinato.

Si bien es cierto que algunos gobernantes  reconocieron al monarca español como su señor, a lo largo y ancho del territorio de lo que hoy conocemos como la república mexicana, se sucedieron una serie de enfrentamientos, guerras de resistencia y levantamientos locales o regionales, que aún retumban en la vida social presente al hacer válida la premisa que afirma que  “el mejor indio, es el indio muerto”.

En este tema, es  imprescindible referirnos a  la obra de dos excelentes investigadores mexicanos, tal vez la más conocida sea  “México profundo, una civilización negada” de Guillermo Bonfil Batalla y “Utopías indias. Movimientos sociorreligiosos en México”  de Alicia Barabas N.  En su obra, Bonfil  Batalla nos invita a analizar con profundidad la realidad de este  nuestro México actual enfatizando sobre el origen de sus problemas ,  planteando “una visión general de la figura divulgada y multiforme de lo indio (indígena) en nuestro país. Intentando explicar el modo de reconocer nuestra realidad tal y como es y no como las autoridades quieren que la veamos…” Para ello es necesario reactivar la capacidad de ver y pensar por nosotros mismos “sugiriendo un proyecto nuevo que beneficie a todos los mexicanos de tal manera que progrese el país en conjunto, y no solo algunos individuos”, este trabajo establece un profundo análisis de las culturas mesoamericanas y la europea, en la que exalta la profundidad filosófica del indígena, de la solución de los problemas de producción de alimentos, de la preponderancia de lo comunal, en contrapartida del acendrado individualismo europeo, de su respeto profundo a la naturaleza.

A inicios del siglo que transcurre, Alicia Barabas N. antropóloga argentina , radicada México desde hace más de 20 años e investigadora  del  centro INAH  Oaxaca y miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias,  nos brinda una obra crucial para comprender  la historia indígena a partir de la conquista española, una propuesta que conjuga  de manera armónica tres campos de la investigación que pocas veces se ensamblan, la historia, la etnología  y la sociología mexicanas. 
Barabas se adentra profundamente en el estudio de los movimientos socio religiosos  surgidos después de la conquista y que nos brindan puntos de análisis con referencia a la formación de las ideologías de resistencia entre los indígenas de lo que hoy llamamos territorio mexicano  y, los más importante, identifica la forma en que estas  ideologías operan como factores clave para  el desarrollo de los movimientos indígenas  y sociales con expectativas de liberación. El estudio de la obra de Barabas, nos adentra en un mundo totalmente desconocido, olvidado o tratado de olvidar,  un pasaje de la  historia  que el oficialismo y el mestizaje pretenden ignorar:  la resistencia indígena.

El análisis concienzudo de cinco siglos de estas aspiraciones justas nos presenta  un rostro diferente del indígena desde la perspectiva del ser humano  que siente la opresión, la segregación y la discriminación,  que reacciona ante el despojo de su territorio y de su cultura, que clama desde lo más profundo de su ser la oportunidad de  ser reconocido como igual. La lista de levantamientos indígenas parece increíble, desde comunidades reconocibles con facilidad, hasta personajes poco o  nunca mencionados,  regiones no  mencionadas del territorio mexicano.

En la segunda mitad del siglo XVI no bien conquistada la región centro, sur y sureste de Mesoamérica,  inician los levantamientos:  mayas de la península; Yopes  en Guerrero; Zapotecos y Mixtecos en Oaxaca; Coras y Tepehuanes en Nayarit;  los Cazcanes de Xalisco  y a finales del mismo siglo, se sublevan los Acaxées de Durango y los Tehuecos de Sinaloa, así como Guachichiles de Potosí y Xalisco, además de la sublevación de los Mayas de Campeche.
El siglo XVII, inicia con la revuelta de los Tepehuanes y una nueva insurrección de Acaxées, seguida por dos alzamientos Mayas, uno en Yucatán y  otro en Quintana Roo; en el norte ocurre la sublevación de los Guazaparis  del sur de Chihuahua;  de igual manera procedieron Salineros, Julimes, Tobosos, Conchos, Cabezas coloradas y Mamites. A mediados del mismo siglo se consignan las rebeliones de  los Tarahumares de Chihuahua, Sinaloa y Sonora; en la segunda mitad, la rebelión de los Zapotecas, Mixes y Chontales de Tehuantepec, seguida de las de Nejapa, Ixtepeji y Villa Alta. A finales del siglo, sobresale la rebelión de Santa Fé  en Nuevo México que fue preparada durante más de 20 años y en el ocaso del siglo  las rebeliones  de Keres, Jemes, Apaches y Teguas dan cuenta de la fortaleza de los pueblos originarios entre las que se inscriben también las de los  Conchos de Chihuahua y los Sobas de Sonora.

En el siglo XVIII, se desarrollan nueve conflictos religiosos, seis  entre los Mayas de Yucatán y Chiapas, uno en Oaxaca y dos en el Norte. Concluida la Independencia  los Yaquis luchan no contra los españoles, sino contra los mestizos mexicanos  y tratan de crear una república que incluya a Yaquis, Mayos , Ópatas y Pimas.  Esta  lucha se reaviva durante el gobierno liberal y concluye en el Porfiriato siendo deportados a Tlaxcala, Veracruz y Yucatán donde son tratados como verdaderos esclavos. A mediados del siglo XIX, se rebelan los Triquis de Oaxaca, en contra de los hacendados putlecos en una  lucha que  continúa hasta el presente siglo contando hasta ahora  nueve acciones realizadas.

De los dirigentes de estas sublevaciones no existe registro; en la mayoría de los casos se trata de  personajes anónimos cuyos nombres y orígenes se encuentra en los procesos abiertos en su contra y  hasta hoy desconocidos, incluso en sus propias regiones. Tal vez de las rebeliones más connotadas de manera ocasional  han llegado   los nombres de algunos líderes indígenas,  tal es el caso de Teporaca, dirigente de los Tarahumaras;  Jacinto Caneck, entre los Mayas;  José Antonio Ay; el indio Mariano ( Juan Hilario, de Colotlán, Jalisco);  Juan Banderas entre los Yaquis;  José María Leyva, mejor conocido como “Cajeme”(sin hígado) quien  a su muerte es sustituido por Tetabiate; también está Domingo Santiago en Chilapa, Guerrero; Jacinto Pat, comandante de la  lucha en Yucatán contra las haciendas henequeneras acompañado por Cecilio Chi y el ya mencionado José Antonio; en el Nayar se escribió el nombre de Manuel Lozada, el famoso Tigre de Alica, y su seguidor Juan Lerma y no es posible dejar de mencionar Cuscat, líder de los Chamulas.
Tal vez  no sean desconocidas  la Guerra del Mixtón, la Guerra de los Chichimecas o la Guerra de Castas entre los mayas, pero lo que si es palpable, es la guerra de genocidio, ocurrida  de manera sistemática por hispanos o mestizos, realistas o liberales, científicos y hacendados. Los indígenas no tuvieron referencias de los movimientos sociales y culturales en Europa y América, no supieron del Racionalismo, La Ilustración, El Romanticismo o el Costumbrismo, pero vivieron y viven en carne propia el despojo, la esclavitud, la marginación y la explotación, la destrucción de su filosofía, cultura y religión, y todo ello los llevo a sublevarse en repetidas ocasiones.

En estos enfrentamientos más de 78 naciones indígenas han desaparecido dejando sólo alguna referencia histórica; sus voces, no podrán ser nunca más escuchadas, su denuncia ha sido silenciada, pero la huella de la segregación, el despojo de sus tierra, la imposición de otra religión y cultura, aún palpita en nuestra sociedad contemporánea para develar lo que la historia ha llamado como La Visión de los Vencidos.

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FUENTES DE CONSULTA

LEÓN-PORTILLA, Miguel (2008) Visión de los vencidos, México, ed. Universidad Autónoma de México.

BONFIL-BATALLA, Guillermo (1887) México Profundo, una civilización negada. Ed. Grijalbo.

BARBAS M. Alicia (1989) Utopías Indias. Movimientos Sociorreligiosos en México. Ed. Grijalbo.