ni una mas, ni una menos

Por: Gabriela Valdez Villalobos


El mes pasado una mujer fue atacada en la Condesa, una de las mejores zonas de la Ciudad de México, por un hombre que pasó corriendo, le levantó el vestido y le bajó a ropa interior a media calle; todo a plena luz del día en una zona bastante transitada;  lo peor no fue el acto en sí, lo verdaderamente triste y preocupante fue que cuando ella consiguió el video grabado por las cámaras de seguridad de un edificio y lo subió para denunciar en las redes sociales, em respuesta recibió cientos de comentarios diciendo que era su culpa ¿cómo se atrevió a usar ese vestido?, aunado a múltipes amenazas de violación y hasta de muerte que incluyeron la presencia en  la ventana de su casa  de un hombre que  le apuntó con un láser en la cabeza. 

Esa situación, más cotidiana de lo que nos imaginamos, me puso a pensar. Recordé a mi abuela (una de mis personas favoritas en la vida) diciéndome que me tapara los hombros  porque iba yo a ir sola a la tienda; a mi madre recomendando no usar shorts porque me tocaba andar en camión; a mi amiga de la secundaria diciendo  "la verdad con esa falda sí pareces una cualquiera"  lo que provocaría que alguien me molestara en la tardeada. Todas ellas con buenas intenciones, tratando de protegerme, cuidando que no me expusiera a algo mal o a que alguien me faltara al respeto.

Es en extremo preocupante que en pleno 2016 las mujeres tengamos todavía que cuidarnos hasta de eso, que las propias autoridades se atrevan a decir que una agresión sexual es culpa de la víctima. Al iniciar el mes de abril, una joven fue atacada por su  vecino quien  intentó violarla dentro de su propia casa, la golpeó y aunque no logro su objetivo ella denunció ante el ministerio público  donde le dijeron que se fijara cómo andaba vestida.  Qué impotencia y qué frustración seguir escuchando no solo de hombres, también de muchas mujeres, que a las señoritas decentes no les pasan esas cosas como si salir de casa fuera una invitación a ser humillada, golpeada o   asesinada. 

A inicios del año mataron a dos viajeras argentinas en Ecuador y la nota en distintos medios de comunicación decía ¨Viajaban solas¨. No iban solas, se acompañaban una a la otra, pero parece ser que en este mundo la ausencia de un hombre te hace una persona sola. A modo de justificación el gobierno ecuatoriano afirmó que las chicas aceptaron ir a casa de sus agresores; ¡no importa dónde estaban! importa que las agredieron, las golpearon, aventaron sus cuerpos al monte como si fueran un costal de hojas secas y ahora, hay dos familias más llorando por sus hijas. Dos familias  que nunca volverán a estar completas.

¿Qué clase de sociedad espera a nuestras hijas? Siento una pena terrible de imaginar que en 15 años (o menos) tendré que decirle a mi hija ¨no te pongas falda porque vas a andar en camión¨ y no es que lo vaya a hacer por retrógrada o machista sino porque jamás quiero que nada le pase.

La vulnerabilidad social en la que vivimos las mujeres es una triste realidad, cada nueve minutos en este país una mujer es violada.  No podemos ser víctimas eternas, hay que visibilidar el problema, denunciar  y alzar la voz no solamente ante una violación, ante cualquier manifestación de violencia, desde un grito incómodo en la calle hasta un golpe, pongámosle cara a los agresores, que el mundo los vea y los reconozca. Enseñemos a nuestros hijos que las mujeres no somos complicadas  ni hormonales, que un  NO significa  NO.  Enseñemos a nuestras hijas que no es cierto que son seres débiles e irracionales imposibles de soportar, porque eso es un arma de justificación para la violencia de género.

Hace poco, circuló por redes sociales una campaña de hombres sosteniendo carteles (cada uno con un mensaje más ridículo que el anterior) en el que el broche de oro que cerraba decía ¨Las mujeres aguantan la menstruación, el embarazo, el parto, nosotros aguantamos a las mujeres… EMPATE¨; fue triste leer notas escritas por miles de mujeres que comentaron que  era cierto, llegando a disculparse  con sus parejas por ser tan insoportables.

No se trata de odiar a los hombres, ni de cuidar a las mujeres, no queremos que nos cedan el asiento con el camión  o nos dén un trabajo solo para cumplír la cuota de género. Se trata de construir una sociedad en la que las cuotas de género no existan, en la que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades. Se trata de que a nadie la maten solo por ser mujer, que a nadie la violen  por andar sola; de que  no tengamos que repasar la ruta que vamos a recorrer antes de vestirnos. Estamos hartas de sentirnos inseguras en la calle sólo por ser mujeres.  Empecemos hoy, por nosotros, por nuestras familias, ni una más, ni una menos.