LAS OBRAS HIDRAULICAS EN EL VIRREINATO

Por: Jorge Bueno Sanchez


El choque de las olas culturales se dio en el valle de Oaxaca el 25 de noviembre de 1521, en la margen derecha del Rio Atoyac, (Atoyaque –a la orilla del rio- en lengua náhuatl). Un rio que tiene su origen en el rio de la Cedas y que con el Río Salado, que proviene del Valle de Tlacolula- lugar de cosas torcidas-, alimentó desde tiempos inmemoriales un gran lago, cuyas orillas en el año 100 d.c. llegaban al  ahuehuete de Santa María del Tule.

Sin embargo este lago fue drenado a través de los siglos, quedando en nuestros días unas cuantas lagunas y charcas de lo que fue hasta hace 50 años la laguna de Roaloo (boca grande e zapoteco).

¡Tierras que utilizar!, ¡tierras que conquistar!, han sido ideas permanentes del hombre, y el zapoteca del valle de Oaxaca no fue la excepción, ya que los grandes palacios de los Zaachila I, II, III, así como de Cosijoeza se erigieron como túmulos de tierra, hasta que pudieron construir el gran templo que duerme sepultado, Teotza- potlán (lugar de zapotes divinos, en náhuatl) hoy Zaachila.

CÓMO LLEGABA EL AGUA A OAXACA.

Durante la primera parte del siglo XVI el agua llegaba por el noreste a través del rio salado y por el suroeste a través Atoyac. Los pozos que se construyeron en la primera mitad del siglo XVI sólo estaban a cuatro metros bajo tierra. El manto freático de Oaxaca se conservó a esa profundidad hasta 1982. Año en que empezaron a descender dichos niveles en los acuíferos de los valles centrales.
Claro está que el pozo era de uso privado y la ciudad de Antequera requería de un servicio público. Por ello el agua fue preocupación constante de los cabildos, como el formado por el último alcalde de Antequera como Villa, Juan Núñez de Cedeño, el regidor Diego de Porras, Francisco de Zamora, Alonso Pimentel, Cristóbal Gil, Martín de la Mesquita y Alonso Morzillo, entre otros.
El interés por el agua en la ciudad de Oaxaca coincide con la supresión en la nueva España de las alcaldías  mayores (al instituirse los corregimientos en 1536); además los dominicos, que en 1529 habían sido dotados de solares, construyeron San Pablo (1535 – 1549) e iniciaron Santo Domingo a mediados del siglo XVI, bajo la condición de compartir los ocho cuartillos de agua con la ciudad de Antequera.
Así el líquido dejó de llegar de manera natural (escurrimiento y subsuelo), para ser conducido del norte al centro de la ciudad. Esto se dio porque en 1521 el ayuntamiento de la ciudad de Antequera dotó con 24 lotes baldíos a los dominicos y por la necesidad que tenia la ciudadanía del agua y para elaborar sus alimentos como el pan.
La información se confirma en el documento que envía el 28 de junio de 1558 el prior de Santo Domingo (San Pablo), Fray Pedro de la Peña, para pedir autorización  al Cabildo para hacer solamente dos molinos sobre el trayecto de la zanja que Diego de Montero comenzó a abrir, mejorando a cambio la zanja hasta la huerta de Diego de Leyva (ubicada a la altura de la exhacienda de Aguilera).
Años después Juan Gallegos realizó obras que tuvieron  como fin una toma para asegurar el vital líquido, con la autorización del virrey Martin Enrique de Almanza, el 25 de enero de 1572. Estos trabajos partían de lo realizado por Melchor Suarez  hasta la ciudad, para lo cual se sirvieron del producto de las sisas (impuestos) que se establecieron sobre el consumo de carne y el vino.
Finalmente, mencionaré que la solicitud de cinco cuartillas de agua para continuar con la obra de Santo Domingo la hace el 23 de febrero de 1572 Fray Juan Muñiz, procurador mayor del Ayuntamiento. De la llegada de los dominicos a Oaxaca el 28 de octubre de 1528, a la conclusión del convento el 24 de junio de 1608, pasaron 80 años; la obra monumental que hoy es una rica herencia de los oaxaqueños, forma parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

PRINCIPALES OBRAS HIDRAULICAS VIRREINALES
La segunda obra de la ciudad de Antequera en el Valle de Oaxaca fue, sin lugar a dudas, la desviación de las  aguas que corrían por que hoy en día son las calles de Mártires de Tacubaya y González Ortega.
El agua proviene del Rio Jalatlaco (“Jalatlaco” barranca de arena), partía desde las faldas del cerro San Felipe del Agua, y al llegar a la altura del Templo de Guadalupe daba origen al actual barrio de Jalatlaco, antiguo barrio de Tepeaca.
Este río ocasionaba destrozos al pozo de San Marcial, y como a este se le atribuían propiedades curativas, se decidió desviarlo. Con estos trabajos se logro ampliar la ciudad por el oriente y tan exitosa fue la obra que logró que muchas sementeras se cultivaran en hoy barrio de la Merced y en el de los siete príncipes.
La fecha de la obra, que puso a salvo de las terribles avenidas la ermita de San Marcial (hoy Templo de la Merced), construida el 16 de julio de 1534, va de 1554 a 1555.
La obra consistió en un desvió, a la altura del entronque de las calles de Calzada de la Republica y Mártires de Tacubaya, a base de cal y canto, formando un muro que se pudo apreciar en 1972, cuando la Secretaría de Recursos Hidráulicos entubó el rio de Jalatlaco, el cual durante el gobierno de Fernando Gómez Sandoval se convirtió en calzada de la República.
Las aguas cristalinas y puras del siglo XVI Y XVII se convirtieron en aguas fétidas de olor característico, ya que el barrio de Jalatlaco, que creció en torno al templo de San Matías a partir de 1700, se conformo por talabarteros que comerciaban con pieles que curtían utilizando el “timbre”, compuesto de cascaras de agarroble y encino. Por las descargas de estas aguas, el rio llegó a tener mala fama.
La longitud del desvió fue de más de dos kilómetros, logrando la ciudad una mayor extensión respecto a la de la traza que el agrimensor Alonso García Bravo hizo en 1529.
La tercera obra hidráulica que se construyo data de marzo de 1561, cuando el Corregidor de Antequera, don Cristóbal de Espindola, inició los trabajos de encauzamiento del río Atoyac, que entraba en la traza de la ciudad de Oaxaca por lo que hoy son las calles de Zaragoza, Trujano y La Compuerta, y que en sus grandes avenidas llegaba a la primitiva ermita de Santa Catarina Mártir, primera de Oaxaca.    
Las obras fueron solicitadas al virrey de la Nueva España, don Luis de Velasco, en su paso para Perú, por la misma población que a mediados del siglo XVI sumaba ya 500 familias en la ciudad de Antequera.
Esta obra se puede considerar como la más importante del virreinato; empleó en su construcción más de 500 jornaleros diariamente, proveniente de los Valles Centrales.
De esta manera se retiro el cauce original más de 700 varas de distancia de la ermita, lográndose un crecimiento de más de 50  manzanas y tres barrios: La Trinidad, donde se asentaron todos aquellos naboríes que habían trabajado en la obra de desviación; La Consolación, donde eran consolados y la Defensa, donde se les defendía de las injusticias.
Por su magnitud la obra duró hasta 1563, ya que el 7 de julio de ese mismo año se inició la construcción de la ermita de la Divina Trinidad.

FUENTES DE ABASTECIMIENTO
Las fuentes de abastecimiento de agua que ha tenido la ciudad desde el virreinato, han sido las mismas que aún hoy surten la moderna ciudad de Oaxaca.
Una de ellas es la de San Felipe del Agua, que surtía el centro de la ciudad desde 1535 a través de una hermosa fuente construida en el centro de la plaza Real o Mayor, donde hoy se encuentra el jardín de la constitución. Por cierto, esta fuente la deberíamos recuperar, ya que actualmente adorna el “lobby” del hotel Casino de la Selva, en la ciudad de Cuernavaca Morelos.
Con seguridad, esta fuente fue sustituida por la de las Granadas de Jazpe, construida en 1739, al inaugurarse –el 26 de octubre- el acueducto que termina en la caja repartidora del Carmen  Alto.
También de los ríos Atoyac y Salado se surtían agua los oaxaqueños, o sus aguas eran usadas para los baños domingueros de la clase acomodada, o los baños del sábado que tomaban los trabajadores para asistir a la plaza Grande, que se realizaba en el Zócalo y en la Plaza de cantaros, hoy la Alameda.
Pero sin lugar a dudas, San Felipe y Etla con San José Vista Hermosa, son los sitios desde donde siempre nos ha llegado la vida. Por eso el parque de San Felipe del Agua  fue declarado parque nacional el 30 de diciembre de 1937, con una dotación de dos mil 737 hectáreas.

NOTA DE REDACCIÓN.- Agradecemos al Ing. Jorge Bueno Sánchez este material que compartió con nosotros, como referencia al programa Acontragolpe realizado en el mes de enero y en el que tocamos el tema del Agua en Oaxaca.