¡Es que!

Por: Guillermo García Manzano


En nuestra forma de ser creamos una serie de clichés que o bien explican, justifican o pretextan alguna actitud asumida por una persona acorde a su responsabilidad, a sus actividades o a sus compromisos.  Aunque  estos clichés son generalmente utilizados y, en cierta forma se vuelven de un uso corriente, no justifican su invariable presencia.


Algunos ejemplos que explican mejor esta situación, pueden aclarar y  dar mayor entendimiento a quien los interprete… “Llegas tarde…– Es que no pasó el camión”. “No me has entregado el reporte… -Es que no me llegó la información”. “Te pasaste el alto y provocaste este accidente… -Es que no me respondieron los frenos”. “Me dejaste plantado… -Es que se me olvidó”.


Como puede observarse en estos ejemplos hay un factor común, factor que, repito, no justifica ni es convincente,  pero que generalmente es un recurso que minimiza una responsabilidad  y al que todos hemos recurrido. El “Es que” perjudica, evade y nos vuelve cómodamente irresponsables.


Si bien es cierto que este muy famoso pretexto no es más importante que lo que aquí hemos descrito y que normalmente lo aceptamos aunque origine una respuesta, una queja o una mayor aclaración, cuando está en el ámbito que va más allá de lo privado e interpersonal y tiene una naturaleza por demás pública, no es justificable el que lo dejemos pasar como si nada hubiese pasado.  En el ámbito de la administración  pública, estas palabras del “Es que”, diplomáticamente se transforman con mucha elegancia pero al fin y al cabo, siempre será lo mismo, es decir, una justificación injustificable.


Nuestra sociedad dinámica y cambiante exige cada vez con mayor insistencia que vayamos modificando el uso de lo negativo y adecuemos nuestras conductas generalizadas a algo más concreto y más responsable. Vayamos pues tratando de hacer a un lado el famoso “Es que” para que nuestra relación con los demás sea más auténtica, más seria y, sobre todo, más responsable.

O Usted.. ¿Qué opina?