Nuevas fronteras en cuidados paliativos. Axiología de los dilemas éticos del final de la vida.

Comentarios por: Guillermo García Manzano.


 

Si existe una disciplina que no ha dejado de evolucionar y que se manifiesta a través de una sucesión de dilemas éticos, filosóficos y humanos en constante movimiento, es sin lugar a duda la medicina. Desde siempre el hombre ha tenido que buscar diversas  formas que le permitan entender el paso entre la vida y la muerte y en medio de sus naturales temores, de sus muy específicas circunstancias en el tiempo, y en su afán por impedir que el dolor, que es potestativo de la enfermedad, le lleve a niveles de desesperanza, de frustración y de temor.
Todos intuimos la cercanía de este fatal tránsito y lo tratamos de ver con la mayor naturalidad y con la pretensión, de no dejar jamás de sentir que todo se acaba y para siempre. Por el contrario, nuestra búsqueda hacia la eternidad no acabamos de desligarla de nuestra vida presente; quisiéramos lograr de una u otra manera, un concepto de inmortalidad y rechazar el temor, el miedo, el pánico hacia lo que de hecho es desconocido.  Las viejas culturas buscaron preservar la materia humana e incluso crearon una serie de rituales que rebasaban la espiritualidad y sentaban sus reales en la creencia de permanecer por siempre y para siempre, en un nuevo concepto de vida eterna.  Las viejas costumbres de otros pueblos generaron una sucesión axiológica que incluso  reconocía como algo de orgullo, valentía y necesidad, anteponer al dolor el honor, que de manera definitiva justificara el tomar una grave decisión de autoeliminación.
Otras culturas dejaron a través del simbolismo ese ya mencionado deseo de permanencia; pero cualesquiera que sea la forma de interpretar y concebir el tránsito a la eternidad, no deja de estar presente el dolor, la convicción, la tristeza y el desprendimiento.
Tal vez por todo esto se haya venido desarrollando desde siempre, una solidaridad humana en donde los cuidados paliativos aminoren la angustia y el dolor mismo. Hoy en día la polémica respectiva ha llegado a distintos extremos: ¿es ético suspender la vida de un paciente que así lo solicita?; ¿es ético mantener al ser humano en un estado vegetativo, con muerte cerebral y con la esperanza de un milagro?; ¿es ético decir ¡requiero que me congelen! puesto que la enfermedad que me llevará a la tumba aún no tiene un remedio que seguramente en el futuro habrá de encontrarse para su cura total?.  ¡Congélenme y despiértenme en el futuro!.
Para los que no somos profesionales de la medicina, nos resulta de una gran fascinación el tema que ha desarrollado el doctor Uría M. Guevara López en este libro que hoy se presenta y que como él mismo nos lo ha manifestado, es prácticamente su tesis doctoral; este título Nuevas Fronteras en Cuidados Paliativos. Axiología de los Dilemas Éticos del Final de la Vida, es algo que aun cuando todavía sea novedoso para los legos en la materia, todos somos candidatos a ser sujetos de estos cuidados.  Es por ello que vale la pena llegar más allá del subjetivismo conceptual para que aproximados a los conocimientos del profesional, estemos en la mejor actitud para con nosotros mismos, para con nuestros familiares, para con nuestras amistades.  ¿Pero qué nos dice Uría al respecto?
Cito: “Los cuidados paliativos no pretenden prolongar la vida de un paciente en fase terminal” termino la cita;  el doctor Guevara es muy preciso cuando nos dice que, cito: “lo que buscan estos cuidados es mejorar las condiciones del paciente y de su familia, entrando a una fase de entendimiento y convicción que está presente en los valores filosóficos, espirituales y éticos en general.” Termino la cita.   Yo concibo esta participación profesional como algo que desde hace ya más de cuarenta años viene sirviendo; para que el desprendimiento de la vida se recienta con la solidaridad de quien sabe aplicar la ciencia, la técnica y el  humanismo, sin dejar de ser un consuelo  y un afecto, un sentimiento sin lástima, profundamente arraigado en el natural ciclo de la vida.
Son múltiples las enfermedades terminales que pueden desarrollar dolor, incertidumbre, angustia y pesar. De  éstas se desprenderá un diagnóstico que especifique el tiempo que aún quede en el paciente.  La labor de un profesional en cuidados paliativos siempre estará enfocada a atenuar la violencia de una enfermedad, a apoyar no solo al enfermo terminal, sino también a su familia y los efectos colaterales que ésta habrá de resentir, por ello es tan importante entender que los cuidados paliativos van más allá de un enfermo, pues amparan a aquellos que relacionadas con él están y les orienta y les ayuda y les guía.
Uno de los papeles más importantes que debe de jugar el profesional médico al respecto, es promover ante el enfermo su nivel de autonomía en las decisiones, sabedor de que los procesos de deterioro avanzan y que llegará el momento en que la autonomía ya no opera, pasando a formar parte de la decisión del médico o de la familia. Pero es la actividad profesional garante de aquella autonomía ya perdida total o parcialmente  para que busque ser respetada la voluntad de quien estando consciente, actuó sobre una base de dignidad y de convicción.
Lo que es un hecho es que aún queda mucho camino por recorrer para que los cuidados paliativos se conviertan en una práctica cien por ciento aceptada, comprendida y generalizada tanto en el sector salud, como básicamente en la sociedad.  Son muchos los factores que hay que entender y dominar para que su actividad sea automática en todo el ámbito de la enfermedad terminal; sin embargo, no tendrán que pasar otros cuarenta años más para que esta situación se generalice y venza la axiología de los dilemas éticos que se presenten al final de la vida.
El libro de Uría Guevara López tiene  una valía imponderable y por demás aportadora.
Una de las posibilidades que con mayor tino se ha realizado al respecto es la Ley de Voluntad Anticipada, que se publicó en la Gaceta Oficial del D.F. el 7 de enero de 2008 y en donde se especifica “el establecimiento y regulación de las normas, requisitos y formas de realización de la voluntad de cualquier persona con capacidad de ejercicio, respecto a la negativa a someterse a medios, tratamientos y/o procedimientos médicos que pretendan prolongar de manera innecesaria la vida, protegiendo en todo momento la dignidad de la persona, cuando por razones médicas, fortuitas o de fuerza mayor, sea imposible mantener su vida de manera natural”.  Así lo establece el artículo 1º de esta Ley que es de orden  público o de interés social.

Producto de todo este complejo se hace  presente la deontología, donde se tratan las reglas para las relaciones de los médicos entre sí o de los facultativos con los enfermos; y es  que, en su exacta dimensión,  debe considerarse el  derecho que cada enfermo terminal a expresar ante la fe pública, su voluntad para el tratamiento de los cuidados paliativos que recibirá; pero también es dado que se presente  el caso de que ya no esté consciente,  ni tampoco haya expresado su voluntad como aquí se refiere. ¿Qué hacer en esa situación en donde deben de considerarse los derechos de los enfermos terminales y los que competen a sus cuidadores?
Por todo lo anterior, podemos afirmar que el éxito de los cuidados paliativos se basa en la comunicación que debe existir entre el paciente, su familia y sus médicos, en un ambiente de cordialidad, respeto y confianza.
Este libro que hoy se presenta y los que el doctor Uría Guevara ha escrito sobre el tema, son dignos de la más amplia felicitación, del reconocimiento que le debemos a un profesional que no ceja en su empeño por combatir el dolor, la ansiedad y el innegable sufrimiento de los enfermos terminales; tratados que buscan una mejor calidad de vida del paciente y de sus familiares. El cáncer, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida, las enfermedades del corazón avanzadas, la enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, la Enfermedad Renal Crónica y las enfermedades neurológicas avanzadas o que no tienen tratamiento como la mayoría de las demencias, nos indican el campo de acción de estos cuidados y nos posibilitan a que todos aquellos que somos legos en la materia médica, entendamos la trascendencia de esta obra que hoy nos pone al alcance general de nuestra sociedad.
Doctor Uría Guevara López, nuestro más amplio reconocimiento y gratitud por hacer de los cuidados paliativos un auténtico apostolado; también deseo expresar mi admiración para los jóvenes pintores que realzan los temas de este libro con sus bellas creaciones.
Gracias Uría.

Oaxaca, Oax. 19 de mayo de 2018.