Breves apuntes de los portales que rodean la plaza de la Constitución

Por: Arcelia Yañiz +


En el año 2006 la inolvidable maestra Arcelia Yañiz compartió con Acontragolpe este material que hoy publicamos en su recuerdo y como un homenaje a su vida que por cierto, inició en un mes de agosto.

FLORES AL PORTAL QUE LLEVA ESE NOMBRE.

Voy a referirme concretamente a uno de nuestros portales coloniales llamado de flores, sin dar referencias históricas del mismo, sino únicamente vivencias que me han impulsado siempre por ese sitio tan querido para nosotros.

El Portal de Flores ha sido una arteria vital que nos lleva a la propia entraña urbana,  el zócalo  y su entorno.  Desde tiempo inmemorial hubo ahí empresas (comercios, mejor dicho), como “La Primavera”,  tienda ya centenaria y que en los años mejores de su vida comercial expendió: Imágenes, perfumes, regalos suntuosos, artículos de tocador de dama y caballero.  Adquirir ahí algo era el más grande anhelo de la elite.  Al frente de la negociación estuvo primero su fundador don Roberto Figueroa padre, y después a la muerte de éste, su esposa doña Margarita Bustamante, hermana de los señores de igual apellido: El licenciado Eduardo, el doctor Miguel, Carlos, Mario, Juan Ignacio, militar de alto rango y el ingeniero Alberto (los que ocuparon altos puestos en el gobierno federal).  En tiempos anteriores se cuenta que siempre hubo un hotel modesto, pero por estar céntrico, tuvo huéspedes de renombre como doña Carmen Romero de Díaz, cuando vino a dejar los restos de su ilustre esposo el General Porfirio Díaz, para ser depositados finalmente en la Basílica Menor de la Soledad, siendo testigos de este acto personajes del clero y de la sociedad católica oaxaqueña.  Este hotel fue sustituido por el llamado “Señorial”, de los señores Pedro y Ángel Bello, que en fechas recientes fue cerrado pero que cuenta en esta historia, pues fue el hotel preferido del maestro Héctor Azar.  Estuvo también la clásica cantina que en sus tiempos regenteaba don Matías Rosas Espejo.

En la esquina que desemboca a las calles de Trujano, hubo una tienda de abarrotes que administraba don Hermógenes Suárez, español de nacimiento quién avecindado en esta capital contrajo matrimonio y fue destacado empresario, al que sobrevive su descendencia; un negocio también importante fue el de José W. García, quien puso la primera estética llamada “Salón de Belleza”, ahí se hicieron excelentes permanentes, manicure, peinados a la moda y todo lo relacionado con la belleza de las damas en ese tiempo.  Al portal lo atiborraron puestos o casetas, las que en la época que presidió en el municipio el licenciado Alberto Canseco Ruiz, fueron trasladadas al sótano del Kiosko, donde el municipio construyó los locales para ese aspecto.  Fue muy difícil el traslado, pero se consiguió recuperando así su belleza de construcción colonial, mucho más tarde se abrió al público “La Lonja”, ya con el membrete de “Súper Mercado” y los puestos de los hermanos Cervantes, relojeros de profesión, donde exhibían las más prestigiadas marcas, reparaban también los relojes, vendiendo a esa clientela a la par joyas de oro y algunas bisuterías finas.

El Portal de Flores también sirvió de dormitorio a muchos voceadores para los que no había albergues: niños y jóvenes  gente de la clase baja.  Nos contaba el escritor Carlos Velasco que ahí llegó a dormir al bajar de la Sierra Juárez.

Lo que fue un verdadero bombazo comercial fue la instalación de una taquería a principios de la década de los cincuenta llamada “El Guajolote”, cuyo propietario fue el inolvidable amigo Miguelito Nájera, relevante deportista a quien  atrapó “cupido” quedándose en Oaxaca, casándose con la señorita Josefina Figueroa Bustamante.  Esto de la taquería fue todo un éxito, los tacos valían sesenta centavos y había para todos los gustos, cerrando hasta la una o las dos de la mañana; por ahí circulaba y ahí lo conocimos, el ilustre antropólogo John Paddok, al que también lo atrapó Oaxaca y sembró aquí su conocimiento al estudiar a los zapotecas de Monte Albán.

El mismo empresario Nájera fundó en la parte alta otro negocio que le dio prestigio, el llamado “Merendero el Tule”,  organizado con lujosas sillas y mesas modernas y en su barra no solamente para exhibir refrescos y bebidas no embriagantes, sino también exquisitos pasteles y platillos de nuestra afamada cocina.  En este lugar el grupo de la Escuela Normal escenificó la obra del dramaturgo Héctor Mendoza “Las Cosas Simples”, ahí actuaron entre otros, Anselmo Arellanes, Roberto Gijón y Clarita Torrentera.  Noche a noche a partir de viernes, sábado y domingo, bajo la genial dirección del siempre recordado Rodolfo Álvarez y patrocinado por la Escuela Normal de Maestros, que dirigía en aquel entonces el maestro Delfino Techachal.

Décadas más tarde los hermanos Ugartechea que tenían el “Bar Jardín”, de legendaria historia fundaron arriba de la esquina de Trujano el “Centro Vasco”, restaurante de altos vuelos y no solo para turistas, sino también para políticos, intelectuales y gourmets de diferentes condiciones sociales.  Empresarios que le dieron vida y categoría al famoso sitio, donde el Generalísimo Morelos se dice que escogió para habitarlo él y sus oficiales.  Desde su abierta arquería de cantera y barandales de hierro de forja, se distingue el clásico zócalo, que albergó a muchos extranjeros del siglo XIX, al soñar y pensar lejos de sus países.  Zócalo que llamaron “lugar de privilegio y poesía”, según los testimonios que dejaron escritos.

Para la gente pensante del siglo XX, ese zócalo con su imagen antigua motiva a otros extranjeros y nacionales muy modernos no menos inteligentes como el maestro Héctor Azar, quien pasaba sus horas más gratas, sentado en las mesitas del bar “Jardín”,  a fuera, viendo pasar el río humano y quién decía “Aquí palpita la vida en su más grande esplendor todos pasan van y vienen, di símbolos entre sí, pero unidos por transitar por esta arteria por la vena yugular de Oaxaca”,  me decía.

Día a día crecía el tránsito en el portal, crecía y crecían también los grupos de turistas que invadían las mesitas del bar jardín a cualquier hora del día y de la noche, pidiendo a los meseros sus preferencias; recuerdo a uno de ellos (de los meseros), de los más antiguos,  a Darío, tenía estampa de mixteco, tez morena clara, ojos vivaces, movimientos ágiles y palabras convincentes para su clientela.

La Banda de Música del Estado repartía sus notas musicales dos veces a la semana y alegraba los corazones de los oaxaqueños, la batuta del profesor Diego Innes salía y con manos ágiles se batía en el aire llevando el ritmo de las interpretaciones.  Los vendedores de flores que todavía eran sembradas en los jardines de la Trinidad de las Huertas, esmeradamente cultivadas por su gente todos horticultores, quienes empeñosamente cultivaban: Crisantemos, Rosa Italia, Rosas Cartón, Perritos, Alelíes, Nardos y hasta Amapolas para venderlas precisamente en el zócalo, las que ofrecían de preferencia al género masculino para que éste las hiciera llegar a su dulcinea, que paseaba en la fila contraria acompañada de hermanos o familiares, nunca sola y que la coquetería la cifraba en una mirada y en su risa reprimida, la cual era otra música.

En este grato entorno figuran las ardillas, animalitos hermosos que escogieron los laureles de la india para vivir y reproducirse y las que hacían el espectáculo al subir y bajar del tronco de estos árboles para recibir el alimento que le brindaban los boleros y algunos espontáneos transeúntes.

Y fuera del portal el reloj, que fue donado por Carlos V a Oaxaca y colocado en la parte lateral de nuestra Catedral que da al zócalo; desgranando el tiempo, marcándolo.  Como dice López Velarde en su poema la Suave Patria: “Las campanadas caían como centavos en un panorama de arrobamiento y poesía”.

NOVEDOSA APARICIÓN DE MODERNO HOTEL, AQUÍ  FRENTE AL ZÓCALO. 

El Portal de Clavería era como todos los que circundan el zócalo, tenía planta baja y alta, precisamente en ésta se encontraba establecida la Clavería o Tesorería de la Catedral, lo mismo que otros departamentos de la Mitra (este nombre comprendía la administración de los servicios que daba el clero, eh ahí su importancia).  Habiéndose llamado también de las neverías, porque ahí estaban los de este oficio, antes de ubicarse en la explanada frente al reloj.

En su planta baja estuvieron importantes comercios, como el “Pabellón” de los hermanos Bustamante, la bonetería la “Suiza” del señor Quintanar, el negocio de automóviles del español Jesús Barreira, la acreditada casa “El Paje” propiedad de un francés y tiempo después la camisería de Herrman Handelman, judío de origen, que  fue precisamente a quien se debió la destrucción del portal en1936, pues deliberadamente provocó el incendio de su establecimiento (Crónicas de José Ma. Bradomín)

Recuerdo los años en que empezaron a edificar el hotel “Marqués del Valle”, estuvo al frente de esta obra moderna, don José H. Santibáñez, no sé, a ciencia cierta si él fue el propietario inicial.  Causó sensación esta obra entre los oaxaqueños, al poco tiempo siguió la edificación del hotel Victoria,  manejada dicha innovación hotelera por la familia Martín del Campo.  Sus constructores campearon la bronca que se les presentó por lo agreste del terreno.

Volviendo al Marqués del Valle; cuando ya en poder de sus verdaderos propietarios, la familia Rule, encabezada por la señora María Luisa; esta edificación adquirió pronto el prestigio y siempre tenía cupo lleno, aún cuando, en ese entonces el turismo extranjero era precario.  Ya en los años cincuenta, consolidado entre el gremio, el hotel y su portal figuraban en el mapa arquitectónico de la plaza de armas ¡Quién iba a decir a los dueños que el gobernador, el ingeniero Víctor Bravo Ahuja, iba a proponerles su compra!, la que sólo falló por un millón de pesos, los dueños pedían doce y don Víctor les daba un millón menos; por lo que no se hizo la negociación.  El se fue de Secretario de Educación y ahí acabaron los “fuegos fatuos”.

En el Marqués del Valle por su novedad, se juntaban jóvenes de ese tiempo, como el actor Mario Oropeza, quien escribía una columna social a la que tituló “Me lo Dijo un Pajarito”, derivó la columna en el título “Pajarillo pecho amarillo”, ese fue su seudónimo; se indignaban algunas damas de la elite, porque las llamó “ruinas móviles” y otros epítetos que aparte de no ser caballerosos, resultaban agresivos.  En el periódico “Carteles del Sur”, del inolvidable Néstor Sánchez, escribía Mario Oropeza; quien murió joven víctima de un tumor canceroso.  La muerte llegó para él cuando ya se había destacado como comediante.

En el Portal del Marqués, veíamos al licenciado José María Yáñez  Pérez platicar horas enteras con el coronel Tinoco, militar retirado;  a Jorge Pérez Guerrero, simpático maestro universitario, quien siempre estaba en rueda de prensa con sus alumnos, hablando filosóficamente del amor; al ingeniero Knut Gleesen, esposo de la maestra queridísima e inolvidable Juanita, los interlocutores del ingeniero eran distintos, casi siempre extranjeros.

El hotel llevaba la batuta por lo que tocaba al restaurante.  Aquella dama Doña María Antonieta Doormann, madre de dos bellas jóvenes: Gladis e Ivonne de Pablos.

Ahí prestaban sus servicios la maestra Mariela Morales, notable personaje que merece crónica aparte.  Damitas jóvenes también se reunían para la “chismografía” social.  Reglón que tiene funciones,  como si fuese “comercio ambulante”, y que resultaba imprescindible; también políticos aparecían en ese portal:  El inefable ingeniero don Norberto Aguirre Palancares, el escritor Andrés Henestrosa, cuando era senador; Rogelio Espinosa de los Monteros, cuando venía en comisión presidencial a “negociar” con los líderes estudiantiles (Niño de Rivera, los hermanos Cortés Gutiérrez, Jaime Canseco Ruiz “el pato”, entre otros), a quienes enviaba sus ofertas el Presidente Echeverría. Puede decirse que en este portal se fraguaron muchas cosas buenas, pocas malas, para la trepidante vida estudiantil y sus líderes.

Ese portal nos trae sucesos remotos, eficaces aún de un pasado brillante, convulsionado por las circunstancias de los tiempos.  Las añoranzas nos llevan por caminos soñados y surge una vivencia que ha perdurado en nuestros corazones.  Un portal que reunió a tantas y tantas gentes de di símbolas convicciones, ha sido el punto de partida de vidas jóvenes, que confirman las tradiciones de las personas mayores.