Arquitectos de la colonia y templos dominicos

Por: Jorge Efrén Rojas Hernández


No obstante que históricamente se conocen los nombres de algunos arquitectos o constructores de templos y conventos en México, no se puede afirmar con exactitud quiénes pudieron haber sido los diseñadores dominicos de la mayoría de los planos y proyectos del siglo XVI.
Cuando decimos arquitectos nos referimos a artistas con personalidad creadora, no a simples maestros de obras más o menos duchos en las técnicas constructoras; o a los frailes autodidacticas que no podían tener la amplia visión arquitectónica de los maestros dotados de larga experiencia en el arte de edificar. Sin embargo: “Durante el siglo XVI mencionaremos a Martín Sepúlveda, autor de la catedral primitiva de México; Claudio de Arciniega, quien hizo la traza de la nueva catedral; Juan Miguel de Agüero, quien construyó la catedral de Mérida; Toribio de Arcaraz, propuesto por el Virrey Antonio de Mendoza para hacer una visita de inspección a todos los conventos en construcción; Martin Casillas, quien hizo la catedral de Guadalajara, y Francisco Becerra, quien permaneció solo cinco años en México --- de 1573 a 1578---- conectado principalmente con las obras de la catedral de Puebla y que se embarcó después para el Perú, donde iba a construir la catedral de Lima”.
De las construcciones levantadas en Oaxaca, algunas obedecen a proyectos que ya habían sido utilizados en España y los tomaron como modelo las órdenes llegadas a la Nueva  España; tal es el caso de Santo Domingo, donde la planta de la iglesia y el claustro fueron reproducidos prácticamente a la escala del convento de San Esteban de Salamanca, España.
El primer antecedente sobre la fundación de San Esteban de Salamanca se remonta al siglo XIII; posteriormente el viejo edificio fue sustituido por el que se conoce actualmente y cuya construcción se encomendó en 1524 al maestro Juan de Álava, quien estaba precedido de buena fama por su participación en la catedral de Salamanca y otras construcciones. Álava dejó en San Esteban un depuradísimo modelo de las conocidas como iglesias conventuales que cuentan con una planta de cruz latina, nave única, capillas entre contrafuertes comunicadas entre sí brazos del crucero alineados como aquellas y coro en los pies en alto, características que distinguen a las iglesias de Santo Domingo de México, Puebla y Oaxaca, con alguna variación en la dimensión de sus plantas, pero con extraordinarias diferencias en el esquema constructivo.
Otras coincidencias semejantes en otras construcciones, fueron analizadas en un estudio arquitectónico comparativo realizado por Robert J. Mullen, quien destacó admirablemente el parecido existente entre las fachadas, naves, columnas, plantas, cúpulas, torres, portadas, etc., de los edificios dominicos españoles y los de México; en el estudio se hace referencia a la influencia que ejerció en los diseños constructivos un arquitecto llamado Rodrigo Gil de Hontañon, de quien se utilizaron sus proyectos en forma parcial  o total en muchas obras. Gracias a estas apreciaciones, es posible descubrir en la portada norte de la iglesia de Yanhuitlán algunos detalles semejantes a la fachada del templo de Santiago Medina de Rioseco (Valladolid, 1548), ejecutada conforme al diseño Hontañon. En la misma iglesia de Yanhuitlán y en la de Coixtlahuaca se manifiestan otros elementos  de comparación; en la primera, el presbiterio tiene la misma forma semicircular que Hontañon diseñó para la iglesia de Las Bernardas (Colegio Calazanz) en Salamanca; y en la segunda, el trazo de la puerta norte, es muy parecido a la puerta norte de las Bernardas. A pesar de que los casos considerados en el análisis de Mullen son abundantes e ilustrativos, el investigador George Kubler manifiesta su opinión en sentido contrario pues dice: “En el México del siglo XVI no hay necesidad de hablar en términos de una transmisión escrita del conocimiento arquitectónico. Los libros sobre arquitectura no circularon hasta después de la mitad del siglo, cuando estaba casi satisfecha la necesidad de construcción de edificios”.
Aunque se asegura que Santo Domingo de Oaxaca fue empezado y dirigido por Fray Hernando de Cavarcos, es aventurado considerar al fraile como autor del proyecto. Fray  Cavarcos repentinamente tuvo que suspender la edificación porque se le transfirió, por orden de sus superiores, al convento de Santa Catalina para que se hiciera cargo de la construcción. Santo Domingo se continuó posteriormente y aunque los papeles de la época no mencionan los nombres de los constructores del conjunto dominico, se estima que un fraile llamado Antonio de la Serna realizó una plausible labor en beneficio de la provincia y se distinguió en varios campos, sobresaliendo principalmente en aquél donde aprendió de su maestro fray Francisco Marín los secretos del arte de construir. Las actas revelan los nombres de varios frailes que fueron transferidos a diversos pueblos con sorprendente frecuencia, considerada como una práctica normal el cambio de frailes de un lugar a otro después de haber trabajado por un tiempo razonable. Fray Francisco Marín fue descrito por Dávila Padilla como un experto en arquitectura; dibujo planos para iglesias y conventos fungió como supervisor cuando fue requerido. A lo largo de varios años  fray de la Serna y fray Marín debieron formar un buen equipo; estuvieron al mismo tiempo en Teposcolula (1548 – 1550), en Yanhuitlán (1550 – 1552), y de nuevo en Teposcolula (1553 – 1555) Esto hace suponer que fray Marín designó por entonces a fray de la Serna como su vicario constructor, pues en el curso de catorce años (1548 – 1562) fray de la Serna desempeño en distintos lugares nueve diferentes nombramientos, lo que evidencia su reconocido talento como organizador y posible constructor. Más tarde, en 1567, fue vicario de Teposcolula; en 1578 se le designo como vicario de Nochixtlán y en 1598 fue el tercero den la lista de provinciales – primer provincial elegido--- de la provincia de San Hipólito de Oaxaca, donde se mantuvo en funciones hasta 1603 cuando la construcción de Santo Domingo estaba en su apogeo; en esa fecha partió para Florencia donde murió el mismo año, como fray Antonio de la Serna, hubo otros frailes arquitectos entre los que se recuerdan por su talento a fray Domingo de Aguiñaga, fray Juan de Cabrera, fray Loyando, fray Antonio de Barbosa y muchos más que con entereza de cuerpo y espíritu participaron en la edificación de un sin número de templos y  casas religiosas.
Fue tan  significativa la actividad desarrollada por los frailes, que casi un  tercio de los conventos dominicos con sus respectivas iglesias, como lo mencionan las actas de 1540 a 1590, se empezaron en la década comprendida entre 1548 – 1558:
“Los dominicos se extendieron en tres zonas que las actas de los capítulos provinciales de la provincia de Santiago definen como naciones, las que según la lengua principal fueron: la Nación Mexicana, que comprendía los estados actuales de Puebla, Morelos y el Valle de México; la Mixteca Alta y Mixteca Baja, según que se refiera a las regiones localizadas por encima o debajo  de los 1500 metros sobre el nivel del mar. La Mixteca Alta ocupa la parte oriental de la región y comprende los modernos distritos de Nochixtlán, Teposcolula, Coixtlahuaca, Huajuapam  y Tlaxiaco; la zona inferior o Mixteca Baja, comprende también los modernos distritos de Putla, Silacayoapam, Juxtlahuaca, Jamiltepec, parte de Sola de Vega y Juquila, y en la Nación Zapoteca, zona que actualmente se halla integrada por los distritos de Etla, el del Centro, Zimatlán Zaachila, Ocotlán, Ejutla, Miahuatlán, la parte baja de Sola de Vega y Yautepec, Tlacolula, Villa Alta, Choapana (Choapam) y Tehuantepec”.
“Para fines del siglo XVI, existían 221 monumentos de la actividad edificadora de los religiosos de las tres órdenes mendicantes, el criterio para ubicar los templos fue triple:

  1. Criterio religioso. Los templos se erigen en antiguos y eminentes lugares del culto indígena, con claro propósito de sustitución. Templo por templo.
  2. Criterio psicológico. Los templos se levantan en la parte más elevada de la ciudad para que sean visibles desde todos los puntos, como ostentándose en actitud de invitación o en actitud de triunfo.
  3. Criterio social. Los templos se construyeron en el centro geográfico de la población, en el mismo corazón de su vida comunitaria para marcar precisamente su destino de convergencia y eje espiritual”.

Gante. Pablo C. de, la arquitectura en México en el siglo XVI, ed. Porrúa, s.a., México, 1954, p.12
Ibídem, p.13
KUBLER, George. Arquitectura Mexicana del siglo XVI, F.C.E., México 1984
Las actas revelan los nombres de varios frailes que fueron transferidos a diversos pueblos con sorprendente frecuencia considerada  como una práctica normal el abandono de un lugar después de haber trabajado en él un tiempo razonable. Fray Francisco Marín es descrito por Davila Padilla como un experto en arquitectura, que dibujo planos para iglesias y conventos y fungió como supervisor cuando fue requerido. MULLEN, Robert, Dominican Architecture in Sixteeth- Century Oaxaca, Center of Latin American Studies, Phoenix, Arizona,1975, p 126-127
Ibid, p 141
Ibid, p. 125

ULLOA, Daniel de, Los Predicadores Divididos, Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, 1977,p.